FIB 2016
Rubber

Lost & Found: Rubber

Publicado el 08.05.14
por Numerocero

Aprovechamos el estreno de ‘Wrong Cops’ para rescatar la filmografía de Quentin Dupieux, el director que se ha apropiado internacionalmente (si aquí ya lo han hecho Juan Cavestany o Miguel Noguera) de eso del nonsense. Antes de ponerse con el cine (a buen ritmo, siete trabajos en poco más de diez años), el director ya anticipó su estilo surrealista con el spot de publicidad que le hiciera famoso: aquel comercial de Levi’s en el que un muñeco naranja pinchaba, bailaba o hacía de copiloto al son de la música electro de Mr. Oizo, el alter ego musical de Dupieux.

La exitosa campaña ya contenía las claves del cine de Dupieux: el humor existencialista, el absurdo, lo grotesco y lo cotidiano se dan cita en la filmografía del director francés, para muchos discípulo contemporáneo del teatro de Beckett. Así, el prólogo de ‘Rubber’, aquel en el que un personaje rompe la cuarta pared, nos mira y se interroga por los porqués de películas populares (‘E.T.’ está entre ellas) dando con una única respuesta: no reason. Una sinrazón que establece las reglas del juego y nos sirve de advertencia: “Lo que van a ver no tiene sentido. Así que no lo busquen”.


Rubber’ es la historia de un neumático con poderes telequinéticos en busca de venganza.  En plena vendetta, Robert –así se llama la rueda- se enamorará perdidamente de una chica. Con todo, esta no es la película más excéntrica de Dupieux (conviene chequear los dos largometrajes que preceden a ‘Rubber’), pero sí la que le permite situarse en el panorama internacional. Una acogida probablemente favorecida por las dos películas que contiene el film: la gamberra y la intelectual. Por un lado, el festival de sangre que ocasiona el poder telequinético de la rueda, el poder  cronenbergiano de reventar cabezas, le situaba entre fanáticos  y circuitos de género fantástico y de terror. Además, ‘Rubber’ no esconde su imbricación en el subgénero de terror de bajo presupuesto de los setenta y ochenta en el que objetos inanimados eran resignificados como obcecados serial killers. ‘Christine’ (John Carpenter), ‘El diablo sobre ruedas’ (Steven Spielberg),  ‘La rebelión de las máquinas’ (Stephen King) o hasta la australiana ‘Largo fin de semana’ (Colin Eggleston) Historias que jugaban con la rebelión de lo doméstico y que hacían de lo cotidiano, un nuevo espacio espacio para el horror. Esta es la película clásica que hay en ‘Rubber’: la del antihéroe sediento de venganza (la muerte de los suyos, esto es, otras ruedas) que se enamora de la chica, que mata al malo y se libra de la ley. La historia de un forajido enmarcada a modo de neowestern en el desierto de la América profunda, el territorio que la cultura norteamericana ha designado para el existencialismo.

La otra película es la metapelícula que vertebra ‘Rubber’ y que es el verdadero factor epatante del film. Tras ese prólogo que mencionábamos antes, el director nos presenta a un grupo de espectadores que espera – a lo Beckett- y observa con prismáticos la película a distancia. Este grupo no solo hace las veces de coro de tragedia griega con comentarios directos sobre lo visto y lo que está por venir, sino que activa las cuestiones de fondo del cine de Dupieux: ¿qué es el cine?, ¿qué es real? ¿cuáles son las funciones de espectador y personajes? Así, se producen diálogos que ironizan sobre el medio (“no puedes grabar, sería piratería”), personajes que ya conocen la trama y nos indican (a nosotros, el segundo grupo de espectadores) cómo hemos de sentirnos, y momentos hilarantes personajes confundidos por la permanente tensión ficción/realidad (“Esto no es real. Vámonos a casa.) que ocasiona el metarrelato. Una cuestión que excede la preocupación inherente al cine y que ya abordaba Dupieux en su primera película (una locura a lo Gondry, en la que un grupo de personajes decide hacer una película sin guión, sin cámara y sin sonido), su trabajo más extravagante y que no obstante tiene por título ‘Nonfilm’. 

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