FIB 2016
On the Road, de Walter Salles

La generación beat en el cine

o el eterno debate sobre el fondo y la forma

Publicado el 17.04.13
por Violeta Kovacsics
@violetakg

“ Como el nuevo poeta, el nuevo cineasta no est á interesado en la aceptaci ó n p ú blica. El nuevo artista sabe que la mayor parte de lo que es dicho en publicidad es corrupto y distorsionado. Sabe que la verdad est á en otra parte, ni en el New York Times ni en el Pravda. Sabe que tiene que hacer algo, por su propia conciencia, que tiene que rebelarse contra la opresiva red de mentiras. ” (1)

Jonas Mekas

 

Convendremos que Jack Kerouac no fue el Che Guevara, por mucho que Walter Salles plantee una adaptación de 'En el camino' como si fuese una versión de 'Diarios de motocicleta'. Ambas películas presentan un trayecto y parece no importar quién fue cada uno de los protagonistas, de la misma manera que el paisaje sudamericano se confunde con el norteamericano. La película de Salles 'En la carretera' se apoya en una idea de guión –el viaje, fórmula eternamente empleada en el cine– y rechaza por completo cualquier relación con la forma tal y como la entendía Kerouac, cuya escritura resultaba eminentemente rítmica, sonora, entrecortada. Me pregunto entonces qué es una adaptación: ¿acaso se trata del mero relato de los hechos o de la traslación al cine de la esencia de una novela? El vínculo de la generación beat con el cine permite explorar esta idea.

 

'Howl', el filme de Rob Epstein y Jeffrey Friedman sobre la obra de Allen Ginsberg, pretende combinar distintas capas: el juicio contra el editor del libro, la lectura del mismo ilustrada mediante animaciones y una entrevista ficcionada con el autor, interpretado por James Franco. En un momento del juicio, un testigo le dice al fiscal que no se puede convertir la poesía en prosa, pues dejaría de ser poesía. He aquí una contradicción esencial: la película cae precisamente en lo literal. Por mucho que intente trabajar sobre formatos diferentes –la animación, el blanco y negro, la entrevista–, no logra introducir elementos de ruptura. En el fondo, todas las fórmulas que utiliza resultan convencionales y mecanizadas.

 

En 'Me and My Brother', la película que hizo el fotógrafo y cineasta Robert Frank con Ginsberg y Julius y Peter Orlovsky, la esquizofrenia de Julius sirve (tan sólo) de punto de partida para un discurso sobre el propio cine. 'Me and My Brother' trabajaba sobre distintas capas, sobre la relación entre realidad y ficción. Las intenciones de Frank quedan perfectamente plasmadas en un plano en que los personajes de la ficción y las personas que los inspiran aparecen en un mismo lugar, en una sala de cine y en su pantalla. La forma se impone, como dictan los cánones del cine beat, más próximo a lo poético que a la prosa.

Jack Kerouac firmó el prólogo del libro de fotografía de Frank titulado 'The Americans'. A ratos, el texto prescinde de los puntos y separa con guiones las descripciones que Kerouac hace de los distintos retratos hechos por Frank. Un prodigio de estilo. Traslada a la escritura la forma propia de un libro de retratos a lo largo de los Estados Unidos. En esta línea debería interpretarse el cine beat. Por ejemplo, 'Flaming Creatures' de Jack Smith experimenta no únicamente con la textura de la imagen sino también con la consistencia flácida de unos cuerpos en plena orgía. En cambio, una película como 'Beat Girl', cuya banda sonora está puntuada brevemente por música jazz, trabaja con una estructura de relato –las reacciones de una hija a su nueva madrastra– y con herramientas propias del clasicismo como el plano contraplano.

Fue precisamente Robert Frank quien filmó, junto a Alfred Leslie, 'Pull My Daisy', la que Jonas Mekas define como “la primera película beat” (2). La narración corre a cargo de Kerouac, que repite, pausa, acentúa las palabras. (Por cierto: a James Franco se le pueden reprochar algunas cosas, como la afección en la que se instala en algunas interpretaciones, empeñado en ser el James Dean del siglo XXI, pero no la tonada y el tempo miméticos a la hora de recitar el poema de Ginsberg en 'Howl'). El ejercicio recuerda, salvando las distancias, al de la serie para internet 'Drunk History'  en el que un narrador ebrio pone todas las voces y un grupo de actores reconstruye los hechos que se cuentan. En 'Pull My Daisy', por un lado está la voz de Kerouac y por el otro, imágenes que parecen improvisadas, una representación entre amigos, en la que no falta ni el jazz ni pequeños destellos de un trabajo sobre el cuerpo, eje sobre el que gira 'Flaming Creatures' y 'Shadows' de John Cassavetes, quizá la película que mejor pueda representar el cine beat. En 'The Americans', Frank no sólo explora los paisajes de la América profunda, sino que encuentra a sus gentes: cuerpos que a veces aparecen recortados, en un ejercicio que puede entroncar con el cine de Cassavetes.

El músico encargado de la banda sonora de 'Shadows' fue Charles Mingus, del que Nicole Brenez recoge la siguiente frase en su libro sobre dicha película: “Imaginen un círculo que rodea continuamente –cada músico puede tocar notas en cualquier punto dentro de este círculo y así tiene la impresión de disponer de un espacio más grande. Las notas caen dentro del círculo, pero el sentido original del beat se siente de la misma manera que antes.” (3) Mingus describe perfectamente una de las claves del jazz, pero también, del cine de Cassavetes y de la escritura de Kerouac: la improvisación se puede entender únicamente con la existencia de unos límites.

 

(1) Jack Sargeant (ed.): 'The Naked Lens. An Illustrated History of Beat Cinema', Creation Books, 1997.

(2) Ibid.

(3) Nicole Brenez: 'Shadows', Armand Colin, 2005.

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Jack Kerouac, James Franco, Allen Ginsberg, Walter Salles, Robert Frank, John Cassavetes, Rob Epstein, Jeffrey Friedman

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