FIB 2016
José Celestino Campusano:

José Celestino Campusano: "No podemos esperar que venga alguien a decir que eres lo que ya eres”

Publicado el 16.12.15
por Paula Arantzazu Ruiz

José Celestino Campusano (Quilmes, Buenos Aires, 1964) ha aterrizado en España con ganas de explicar todo lo que tiene entre manos. Que no es poco, precisamente. A una filmografía que desde que arrancara en el campo del largometraje en 2006 con “Legión, tribus urbanas motorizadas” se ensancha año tras año, hay que sumarle una dedicación absoluta al cine entendido como herramienta de cohesión social y de participación colectiva.

De las películas de Campusano no hay que esperar visiones románticas de la Argentina periférica, sino más bien encarnizadas tragedias, muchas veces protagonizadas por las auténticas personas –de moteros a prostitutas, personajes de los bajos fondos- que vivieron esas experiencias, en las que cine y vida se funden en un naturalismo extremo, tan bruto como asombroso. De su activismo cinematográfico, una notable entrega que se materializa en proyectos como la productora Cine Bruto, el Cluster Audiovisual de la Provincia de Buenos Aires (“a través de ella proponemos filmar constantemente en función del cooperativismo y realmente estamos filmando mucho”, explica), una muestra de largometrajes regionales y un festival de teasers para ayudar a la coproducción, entre otros. “Ahora mismo estamos proponiendo una expansión internacional del Cluster”, cuenta. “Se trata de una entidad similar en el DF y en el Amazonas, basadas en la coproducción a través del cooperativismo con fuertes lazos en la comunidad. Para que te hagas una idea, estamos con una coproducción en Bolivia, Perú, México. Y producimos el año pasado siete películas, filmadas en cinco días todas. Volcamos toda la tecnología y el conocimiento en cinco días, pero nos aseguramos de que la película se haga.”

“En el barro” es el nombre de la retrospectiva que le dedica la quinta edición del festival Márgenes, con la colaboración de la Embajada Argentina, que proyectará en La Casa Encendida de Madrid hasta cinco de sus últimos largometrajes: “Vikingo” (2009), “Fango” (2012, largometraje ganador de la edición de Márgenes de ese año), “Fantasmas dela ruta” (2013), “El perro Molina” (2014) y “Placer y martirio” (2015), con la que se hizo con el premio al mejor director en el último Bafici. Además, el propio Campusano ofrecerá una masterclass la tarde del 16 de diciembre en la que desgranará detalles de su método de producción, del cine comunitario o de la importancia de la proximidad (a través del diálogo, entrevistas y demás) con las personas que acabarán protagonizando en la mayoría de ocasiones sus trabajos

Para empezar, ¿podrías darme las claves de qué crees que es el cine comunitario?

El cine comunitario respeta cuatro postulados: el primero es integrar a la comunidad en materia de contenidos, es decir, que los contenidos estén basados en anécdotas reales; el segundo es integrar a la comunidad en materia de personificación, que referentes de determinado estrato social tengan un papel predominante en el abanico de personajes, y eso es importante porque te lo cambia todo –porque son otros rostros, otros códigos del habla, de lenguaje corporal, es una riqueza que no está prevista-; el tercero, integrar a la comunidad en materia de producción; y por último, integrar a la comunidad en materia de difusión.

¿Podríamos hablar entonces del cine comunitario como una evolución del cine popular?

Popular tiene algunas connotaciones con las que no estoy de acuerdo. Prefiero cine cooperativista y comunitario a popular, ya que éste rara vez integró a la comunidad. Está el cine de autor, que es la visión de una sola persona sobre un colectivo, y quizá ese colectivo ha acabado muy en desacuerdo sobre la visión que se había hecho de ellos, el cine comercial, y luego este otro tercer tipo de cine que no rinde cuentas ni a la crítica ni al mercado ni a los programadores. Básicamente va por otro lado y si hay algo que no traiciona es el vínculo con la comunidad. Para que ese vínculo se mantenga, no hay que ser complaciente con los estratos sociales ni hay que restarle la complejidad a éstos.

¿Qué encuentras en estas historias de personajes más o menos marginales, de vidas muy crudas del conurbano bonaerense?

Las tragedias, como bien decían los griegos, tienden a ser depurativas: son grandes maestras de la vida.

¿Cómo construyes las historias de las películas?

Diálogos, entrevistas, preguntándole al protagonista de la vivencia todos los detalles.

Pero todo ese proceso hay que orquestarlo, hay una jerarquía que organiza en la que tu papel es básico.

Sí, pero trato siempre de que predomine la fuerza de la anécdota, que la esencia de la anécdota sea lo que mueve la película. No impongo mis expectativas o mis referencias cinematográficas. Y además intento siempre que mis películas sucedan donde realmente ocurrió la vivencia que explican. La historia puede venir de una persona que quizá no está dispuesta a salir en cámara, a lo mejor porque le puede comprometer legalmente o socialmente, y buscamos gente que está ligada a esa anécdota. O al revés. A veces la persona que vivió la experiencia sí se propone para protagonizar la historia, como sucedió en el caso de Vikingo. Y después de ahí todo es mucho más fácil. Lo que hay que aclarar siempre de entrada es que no aceptamos ningún atisbo de censura: si la persona quiere participar, que lo haga, pero no estamos para las medias tintas.

Entiendo que el trabajo en el rodaje es decisivo, que vas moldeando la película mientras avanzas.

Hemos filmado historias con guión y otras sin guión. La idea es que el cine genere cine, buscamos que la palabra escrita no anteceda la toma, que la palabra venga después de la toma. Que la película sea impredecible. “Fango”, por ejemplo, se filmó sin una sola línea de guión y tanto “Vikingo” como “Vil Romance” (2008) se filmaron sólo con escaleta. Es entonces cuando notas qué y cómo está aportando a la película la materia prima de la vida.

También sucede lo contrario. Por ejemplo, durante un período de mi vida no pude hacer películas y estaba muy angustiado, y fue entonces cuando escribí ciertos guiones que luego sí llegué a rodar, como “El perro Molina”; historias que salen a la luz ahora pero que tienen ocho o diez años. Pero todas estas historias son imperecederas, porque están basadas en cuestiones más rupestres, si quieres. Las historias más funcionales a ciertos intereses, políticos o de otra índole, son más efímeras y duran lo que dura una campaña política. Ahora, las otras, nos permitirán ver de aquí unos años qué sucedía en el pasado, porque hay en ellas un elemento crítico. Apuntamos tímidamente a constituir una especie de memoria colectiva. Cuando se rompe la memoria colectiva se ejerce sin impunidad la fuerza del fascismo.

Me gustaría que me detallaras en qué medida las historias que filmas pueden ayudar a construir esa memoria colectiva de la que hablas. 

Todo lo que es oscuro, lo que supuestamente no sucede, pervierte y se proyecta hacia el futuro. Es lo que dice el viejo adagio: “Cuando sale el sol, se van los hongos”. El mal se escuda en la repetición y la oscuridad: las perversiones son patrones repetitivos, el mal siempre se repite a sí mismo. Y este tipo de películas muestran la incondicionalidad de la tragedia. Si quieres conocer una tragedia quizás es mejor que no te prestes a vivirla, más bien a escuchar a quien la ha vivido.

Quería preguntarte acerca de la recepción de tus película en entornos como festivales de cine. “Placer y martirio” se llevó premio en Bafici y es a todas luces una película que se sitúa en las antípodas del llamado ‘cine de festivales’ que se importa a Europa.  

Sí, “Placer y martirio” provocó un fuerte malestar en cierto sector de la crítica cuando se estrenó en Bafici, pero paradójicamente ganamos el premio al mejor director. Creo que un pequeño y rancio sector de la crítica trata de corregir a los realizadores, ya que  entiende que se tiene que sacudir a todo director que se salga de la norma. A veces lo hacen con un ánimo muy peyorativo o con el ejercicio de la burla, porque realmente se burlan de las películas. Creo que de esta forma demuestran su incapacidad de aceptar cualquier mínimo grado de innovación. Y me parece que justamente, este cine comunitario es riesgo puro: es riesgo en su máxima expresión, no apunta a ser otra cosa. Y este pequeño, cada vez más pequeño, sector de la critica no tiene mucho que hacer con las nuevas variantes de este cine. 

¿Os habéis planteado en algún momento presentar vuestros proyectos a fondos de festivales de cine, como el de Berlín, Rotterdam, etc.?

Los fondos de ayudas son más lentos y dan para menos. Con Cine Bruto hemos presentado a muchos de estos fondos y nunca nos han considerado. Fíjate que ahora estoy acá en España gracias a “Fango”, la película que menos adecuada le pareció a los organismos de financiación es la que más ha cuajado a nivel internacional.

Pero este sistema del que somos cómplices nos impide ver, primero que somos gente muy capaz y talentosa y segundo que, confiando, se puede llegar a tener una carrera local o internacional. No podemos esperar que venga alguien a decirnos que eres lo que ya eres. O que marque los ritmos: cada uno tiene sus ritmos de producción y de realización. Las clínicas de guión y los laboratorios asociados a muchos festivales ya son algo erróneo. Para empezar, su mismo nombre: los laboratorios y las clínicas combaten enfermedades. Entonces, ¿consideran que tu guión está enfermo? ¿Qué tiene: un virus? Para ellos es un virus ideológico, porque lo que hacen con los guiones es limar la identidad o lo verdadero que posee, y lo llevan a un terreno donde esa prensa y esa crítica rancia trata de encapsular a los directores. La buena noticia es que contamos con alternativas. 

Regresando a la recepción de tus películas, me interesa también saber las reacciones del público general.

Me han pasado cosas como regresar de Bafici y encontrarme comentarios lapidarios en mi página de Facebook. Sin embargo, les apelo y luego no tienen respuesta, es más bien un sentimiento de berrinche ante la incomprensión de unos códigos de representación. Pero estos códigos no son míos, yo no me los he inventado. Por ejemplo, “Placer y martirio” tiene detrás dos años de investigación, de entrevistar constantemente a personas que han sido testigos presenciales de estas vivencias. Si les molesta “Placer y martirio” quiere decir que les irrita que ciertas personas vivan de determinada manera.

¿Cómo llegas a la historia de “Placer y martirio”, aquí te alejas mucho del conurbano porteño?

La burguesía también es un estrato social que conozco y frecuento. La empleada doméstica de la película es la empleada de mi pareja. Fue una cuestión de proximidad.

¿Siempre vas a por esta proximidad cuando piensas tus proyectos?

Yo me considero ignorante en muchos aspectos pero sí tengo claro que una herramienta para derrumbar esa ignorancia en materia cinematográfica es hablar con gente que sabe y la gente que sabe es la gente que ha vivido la experiencia.

Pero ese naturalismo tan extremo es muy complicado de recrear. ¿Cómo lo consigues?  

En realidad el método es bastante fácil. Siempre intento incluir la mayor parte de elementos reales posibles y que la película suceda en el lugar donde ocurrió. En el caso “Placer y martirio”, muchos de los diálogos del filme yo mismo los había escuchado. Recuerdo un crítico que dijo que cierto personaje aparecía ridiculizado en la película a lo que yo le contesté que no había nada de ridículo, sino que la realidad es tal cual es. Hubo una vez, una tarde un tipo muy rico me contó todo lo que había consumido durante un año, lo que había adquirido. Estuve como dos horas escuchándolo. Si yo pongo eso en una película parece ridículo, pero no es problema mío si la gente con mucho dinero apenas tiene cosas de las que hablar más que de aquello que compran y consumen. A algunos críticos les cuesta comprender eso. Parece que cuando les ofreces un producto inocuo recibes palmadas en la espalda y parece también que no tienes derecho a tocar otro tipo de notas sin su permiso. Pero en el cine comunitario somos absolutamente libres de tocar y hablar de lo que queramos.

 

Toda la información del ciclo puedes encontrarla aquí.

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