FIB 2016
Víctor Moreno

Entrevista a Víctor Moreno

Publicado el 25.04.14
por Numerocero

Tras el secuestro injustificado por parte del Banco Santander, el cineasta canario Victor Moreno por fin puede retomar el exitoso recorrido del que disfrutaba ‘Edificio España’ hace dos años. Aprovechamos el pase de la película por el Festival Cinema d’Autor de Barcelona para hablar con el director y repasar las claves de este magnífico documento que se impone como la metáfora perfecta de la crisis actual. 

'Edificio España' podrá verse este sábado en el CCCB de Barcelona. Toda la información del pase aquí.

¿Cómo nace el proyecto? ¿Cuánto tiempo pasas rodando y cuales son tus principales motivaciones, objetivos... cuando empiezas a rodar Edificio España?

Yo vivía cerca del edificio y, en cuanto tuve conocimiento que iba a empezar un proceso de rehabilitación integral, decidí impulsivamente que de ese proceso debía hacer una película documental. Ese impulso nacía de la necesidad de registrar un edificio emblemático, el primer rascacielos de España y durante mucho tiempo centro de la vida social de la ciudad.   Lo primero que hice fue un inventario del lugar. Grabé todos los espacios del Edificio que, curiosamente, parecían los restos de un naufragio ya que se habían quedado muchos objetos personales. Después, en cuanto fui entablando confianza con los trabajadores de la obra, me desvié hacia ellos. Digamos que entré con una actitud de grabar el pasado del Edificio y de pronto me desvié hacia su inmediato presente. Y con estos dos elementos me encerré en el edificio durante aproximadamente 10 meses, si bien tuve que parar un mes y medio para trabajar ya que no tenía dinero. Encerrado en el edificio me impuse cuatro normas que marcarían el estilo de la película; no salir nunca del edificio, tratar de ir siempre en los mismos horarios que los trabajadores, moverme libremente por el edificio a la captura de momentos o situaciones que me encontrara y, por último, no ver nunca el material que grababa. De esta forma quería estar cerca de ese impulso inicial y, de esta forma, que esta actitud determinara el estilo de la película.

 

Hay algunas personas en las que la peli se detiene (los vigilantes, por ejemplo, o el último habitante) y, de hecho, se las atribuye nombre. ¿Por qué se seleccionaron esas personas y no otras? ¿Quedaron muchas fuera?

Durante el rodaje siempre tuve claro que si había algún protagonista en la película era el edificio, sobretodo como escenario en el que se lleva a cabo una obra pero sin olvidar que también era una un lugar con memoria. Además de los espacios vacíos que se muestran al principio de la película, me interesaba registrar los objetos abandonados que me iba encontrando y, por supuesto, a las personas que habían tenido que ver con el pasado del Edificio previo a la obra. Y entre ellas estaban los guardas jurados y el último inquilino que estaban ahí desde mucho antes que hubiera empezado la obra.  Para mi eran como los guardianes de la memoria del lugar, su intrahistoria, su rostro. Durante el montaje, a la manera de George Perec en “La vida de instrucciones de uso”, decidí construir un mínimo hilo conductor que era el ir nombrando en todo momento las plantas y los grupos, con su correspondiente uso, en las que nos encontrábamos. Era una forma de que el espectador no olvidara el pasado del edificio, si bien lo que veía en la imagen no tenía nada que ver con eso. Al nombrar el pasado de aquellos lugares me pareció que también debía nombrar a las personas que habían estado allí mientras el edificio estaba abierto y eso incluía a los guardas jurados y al último inquilino.  Además que, en el caso de los primeros, su trabajo era durante mucho tiempo solitario y contemplativo y eso les permitía preguntarse cosas sobre el lugar en el que estaban y tener tiempo para conversar conmigo. La selección de quienes aparecen en la película tiene que ver con la construcción de la película de hora y media donde siempre tienes que sacrificar algunas partes y resaltar otras como, por ejemplo, que el primer guarda que aparece sea armenio y se llame Franco. Pero,y  siempre lo he dicho, para mi todo el material que grabé, cerca de 200 horas, está a la misma altura que el que vemos en la película. Espero que algún día se pueda ver.

 

Es una peli sobre donde el trabajo es el hilo conductor pero los momentos más humanos y reveladores son los del descanso (las comidas, la siesta, etc). ¿Fue algo descubierto en rodaje o más bien en montaje? ¿Implica algún tipo de opinión tuya propia sobre el valor del tiempo?

En realidad hay un hecho que ilustra bastante bien lo que comentas. Cuando entré en el edificio con la idea de grabar los espacios y su memoria, iba con la cámara y un trípode. Así estuve los primeros días hasta que, de pronto, empecé a sentirme en una distancia incómoda y ridícula con los obreros que estaban llevando a cabo la demolición. Ellos estaban en permanente movimiento y sentirme tan parado empezó a molestarme, generándome una enorme distancia emocional hacia ellos. Por eso decidí abandonar el trípode y, cámara en mano, acompañarles en su movimiento. Decidí trabajar más con la idea de “estar” en un lugar, es decir, convivir en ese espacio y con la gente que lo ocupaba durante ese periodo. Demoler yo mismo mis propias pretensiones “cinematográficas” e integrarme, salvando evidentemente las distancias, con aquella gente durante aquel periodo de nuestras vidas. Esto hizo que el tema del trabajo en la película estuviera muy presente pues el 85% del tiempo que ellos pasaban en el edificio lo hacían para trabajar. Y la hora que tenían para comer era donde podían relacionarse y donde, como consecuencia, la película iba a tener su registro más humano, no sólo en las conversaciones sino también en sus rostros, ya sin casco. Es curioso porque estos días muchos de los obreros ya han visto la película y me han dicho, emocionados, que, a diferencia de otras con la misma temática, ‘Edificio España’ es de las pocas veces en las que han visto reflejado fielmente en la pantalla cómo es una obra. Que salga de ellos es la mejor crítica que me pueden hacer.

 

Respecto al montaje, ¿consideraste aguantar más algunos planos, dejar más tiempo para que el espectador sintiera más el tedio o la dificultad del trabajo? (Algo que, por otro lado, explotas al 100% en ‘La piedra’).

Componer la hora y media de película en montaje no fue sencillo aunque gracias a mis colaboradores Guillermo Carnero, Rodrigo Rodríguez, Martin Eller y Nayra San Fuentes se hizo mucho más fácil. El montaje se hizo cuatro años después de que se empezara a grabar y la verdad es que teníamos muy presente que la estructura de la película debía ser muy caleidoscópica como, por otro lado, era el material que había grabado. De hecho, fuimos muy fieles a éste y no tratamos de caer en tentadores trucos de montaje o en una estructura más arquetípica de personajes. El tema del trabajo, como te he dicho, estaba siempre muy presente y lo que si hicimos fue mostrarlo en algunas escenas de manera más evidente. Quizás no tanto con la idea de la paciencia y la obsesión que hay en “La Piedra” sino más bien con la dificultad y el esfuerzo como se ve en la escena que unos obreros africanos derriban unos techos o en el plano de Antonio demoliendo un conducto de aire con los pies. Además todo era muy ruidoso y debía contrastar con ese silencio inquietante del final. Un silencio, por otro lado, que está lleno de incertidumbre, la misma por la que atraviesa nuestro país. El sonido tuvo mucha importancia en la posproducción y el trabajo que hizo Iñaki Sánchez y todo el equipo de la Bocina fue fundamental. En algunas partes reforzamos incluso que aquellos golpes que daban contra las paredes se convirtieran en latidos o rugidos del Edificio como cuando vemos la orla o como cuando están demoliendo la casa del último inquilino.    

 

¿Cuál fue tu sensación personal a lo largo del periodo de rodaje, empezando antes de la crisis y terminando en pleno apogeo? ¿Supuso alguna evolución a la hora de grabar, influyó en la toma de decisiones, por ejemplo, de estilo?

Lo más interesante de esta película, y probablemente el mayor aprendizaje que me he llevado, es que cuando trabajas con lo real es imposible no dejarte sorprender y, muchas veces,  la labor del director está en la medida en que permite que esas sorpresas (o que algunos llaman erróneamente imprevistos) fisuren su idea de película. En el año 2007 yo entré para hacer una película sobre un edificio y su transformación y  bajo las premisas que te he contado anteriormente. Y a eso me mantuve fiel durante toda la grabación hasta Julio de 2008 cuando la primera fase de la obra se terminó. Después me puse a trabajar en mi primera película ‘Holidays’ que en realidad se grabó después de ‘Edificio España’ y que estrené en 2010. Fue en ese momento cuando tuve conocimiento que el proyecto de reforma del edificio se había suspendido y, de pronto, descubrí que las 200 horas de material grabado que, como te dije, nunca había visionado, eran un testimonio no sólo del edificio sino de la historia reciente de nuestro país. Aquellos trabajadores habían pasado a engrosar las listas del paro o muchos de ellos habían regresado a sus países. Nunca había imaginado que aquello pudiera a pasar. ¡Si hasta el presidente del gobierno negaba la crisis! Siempre he dicho que estuve en el lugar indicado, en el momento oportuno y eso, a mi entender, es una de las grandes virtudes del cine documental.


En tiempos de crisis, ¿es hora de comprometerse o siempre concibes el cine como un acto político?

Casi tendríamos que hablar, a la manera hegeliana, de qué no es político. Personalmente me resulta complicado desvincular mis actos de una actitud política pues desde el momento en que vivimos en comunidad, como es nuestro caso, ya estamos haciendo política. Normalmente ciertas estructuras de poder han generado conceptos que me resultan perversos de escuchar y que, desgraciadamente, se han incorporado en el inconsciente colectivo.  Uno de ellos, relacionado con el cine, es cuando hablan de cine de entretenimiento. Probablemente no haya cine más político que ese cine de entretenimiento made in Hollywood. Y es político en la medida en que pertenece a unas estructuras de poder y que, por lo tanto, construye sociedad, aparte de las razones históricas del Plan Marshall. Por lo que dicho esto, el dilema, a mi entender, no está en ver si una película es un acto político sino más bien en comprobar qué posición ocupa políticamente. Y creo que mis películas lo dicen con bastante claridad.    



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