Test de Rorschach: Alberto Olmos

Test de Rorschach: Alberto Olmos

Publicado el 28.03.12
por Emilio Ruiz Mateo
@EmilioRuizMateo

Si alguien se sintió ofendido por su crítica despiadada en ‘Ejército enemigo’ (Mondadori) al buenismo, los movimientos 15M y la solidaridad made in ONG, es que no conocía la lengua afilada y el ojo sin párpado de Alberto Olmos. Hemos querido someterle a nuestro Test de Rorschach, que nos salió un poco tecno y marquista. No te pierdas el resultado. Y que no se ofenda nadie…



Incontinencia, facundia, coprolalia. Desde que abrimos nuestra primera cuenta de correo electrónico, aprendemos a convivir con las sobras del lenguaje, las migajas de nuestra inteligencia. Escribir por escribir, comunicar por comunicar. Te llamo para decirte que no te digo nada que tú ya no conozcas, en palabras de Gil de Biedma. El mail basura sólo se diferencia del spam en que nos lo manda alguien que queremos, y cuanto más lo queremos más mails basura y sms basura y whatsapp basura le permitimos enviarnos. Yo no tengo whatstapp. Estoy al día hasta 2008. Programo mi obsolescencia, el punto desde el que empiezo a quedarme atrás.


Tuve que mirar varias veces la foto y la pose de mister Dotcom para darme cuenta de que sujetaba un pequeño tetrabrick de zumo de naranja, y no un vaso de whisky con muchos hielos. El dinero tiene sus propios estilemas. Obesidad, aviones, los pies sobre la mesa, vicios caros. No era whisky, tampoco era cultura libre, era zumo, exprimir.

 

 

Leer libros, tener libros. Solían lucirse los poetas, los novelistas, dejándose entrevistar junto a sus bibliotecas personales, cuyo número de volúmenes desvelaban al entrevistador. Tener una biblioteca de 20.000 o 40.000 volúmenes era señal de llevarla también por dentro. A su muerte, sus bibliotecas eran legadas a instituciones públicas, cuando en verdad las instituciones públicas ya tenían los libros repetidos. Yo no tengo más allá de 300 libros en mi casa. Leo de biblioteca. Sólo compro un libro porque alguien ha hecho bien su trabajo de márketing, o porque tardan en traerlo a la biblioteca, o porque el autor me gusta y me gusta estar de su parte. No quiero tener libros ni en formato digital; incluso así pienso que pesan demasiado. Quiero leer. Querría una tecnología que me permitiera acordarme de los libros que he leído, no recordarme los libros que me faltan por leer.

 

Mis amigas calzan Converse All Stars y pisan el suelo con indulgencia y gracia y donosura. Me parecen feas estas zapatillas, sin embargo. Hay algo cutre en su diseño y supongo que ese es su éxito. De la NBA al concierto de Aikido Kid hemos cambiado de estrella, pero no de marca. Ser moderno nunca estuvo a nuestro alcance. Me obsesionan las zapatillas colgadas de los cables de la luz. Siempre me pregunto cuántas veces se produjo el lanzamiento antes de culminar la colgadura. Desde mi ventana veo unas zapatillas colgadas en un cable. Pisan sin desgastarse. Pisan mi barrio.

Prefiero a January Jones y a Kate Winslet, a Halle Berry y a Rosario Dawson, a Nicole Kidman. Los mitos eróticos del cine duran tres o cuatro años. Nadie sabe quién decide que una tía buena entre cientos de tías buenas vaya a ser la tía buena de la temporada. Salma Hayek nos duró bien poco. Las tenistas. Las presentadoras de televisión. Se ha quedado vieja la carpeta escolar de nuestros ídolos. Tanto glamour y alfombra roja aburre. Me gustan los vídeos caseros de grandes estrellas del cine follando con sus amigos. Me gusta lo amateur. Es mucho más sexy el pijama de una chica del montón que las joyas de Angelina Jolie. Cada vez que Madonna saca un disco se señala su buen estado de forma. Las dietas son noticia. El maquillaje es portada. El plástico nunca viene crudo.

Otros tags:
Kindle, Angelina Jolie, Kim Dotcom, Whatsapp, Converse

Otros contenidos relacionados:

Tu opinión, aquí

Sólo tienes que loguearte con una de las siguientes plataformas:

Dacebook
Twitter
Google
Yahoo
 
Numerocero ©. 2011-2014