Movimiento, espacio, realismo

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3x3: Las tres dimensiones en el cine contemporáneo

Publicado el 22.06.12
por Violeta Kovacsics
@violetakg

Vamos a inventar algo. Una posible escena. O una secuencia existente, pasada por el filtro del 3D. Sería, por ejemplo, uno de los largos paseos de Julie Delpy y Ethan Hawke por las calles de París en ‘Antes del atardecer, de Richard Linklater. Un plano secuencia, de conversación casual y tiempo realista. La escena trabaja básicamente sobre el espacio, sobre la profundidad --el punto de fuga que da la calle-- y el movimiento --con los personajes avanzando tranquilamente--. El uso de las tres dimensiones otorgaría mayor naturalidad al espacio que filma Linklater. El tiempo real propio del plano secuencia (y de la película original) haría el resto. Definitivamente, tendría poco que ver con con la mayoría de películas recientes que trabajan con las tres dimensiones. En cambio, se aproximaría a la idea que, en el 2010, tenía Martin Scorsese del 3D: "es una manera de acercarse a la forma natural de ver las cosas. El espacio es real y el tiempo no se sabe si lo es: si lo que vemos es una cuestión de espacio-tiempo, una opción para acercarnos a esa visión más natural podría ser el 3D"(*). Esto fue en 2010. Quedaban aun dos años para que Scorsese presentara ‘La invención de Hugo, rodada en 3D.

Las tres dimensiones han abierto de nuevo el debate en torno a la autoría, esa suerte de canon crítico que impregna el análisis fílmico desde hace más de medio siglo. El 3D nació bajo el signo de un mal vicio: buena parte de las películas con las que se inició esta nueva ola no estaban pensadas para ser exhibidas en tres dimensiones y el efecto se añadía a posteriori (**). Han sido directores como Scorsese, Spielberg, Wenders, Herzog e incluso Alenxander Aja y la factoría Pixar quienes han convertido las tres dimensiones en algo más que una moda. Que un cineasta como Jean-Luc Godard afirme que su próxima película (titulada premonitoriamente ‘Adieu au language) estará hecha en tres dimensiones pone en evidencia que estamos ante una tecnología que ofrece a los cineastas nuevas posibilidades.

Películas como ‘Las aventuras de Tintin o ‘Toy Story 3’ ahondan en las tres dimensiones a través del movimiento. La escena inaugural de la película de Pixar transcurre a toda velocidad, al ritmo de un ferrocarril en medio de un oeste inventado. La cámara girando completamente en si misma en plena calle del Tintin de Spielberg resulta una celebración del movimiento y, gracias al uso del 3D, sitúa al espectador en el ojo del huracán. La tecnología resulta básica para entender la propuesta de Spielberg, dispuesto a realizar una película de acción pura, en la que la cámara no para nunca quieta." ‘Toy Story 3 puede resultar la versión que el siglo XXI ha dado de las inquietudes de "El increíble hombre menguante", película analizada de manera brillante (excelsa, brillantísima, diría) por Núria Bou y Xavier Pérez en su libro "El tiempo del héroe": el filme de Jack Arnold propone un trayecto de vuelta hacia un tipo de héroe diurno, activo, clásico, en movimiento. En el caso de ‘Toy Story 3, la tecnología resulta básica para elaborar un discurso justamente sobre el cine de acción y de género y un cine más introspectivo, en el marco del crecimiento de un niño dispuesto a dar el salto a la madurez. 

 

Con el movimiento y el espacio en el foco y con la intención de emplazar la cámara en un sitio concreto para crear así mayor profundidad, los cineastas han logrado dar sentido a la tecnología. Eso sí, resulta curioso que pese a utilizar las tres dimensiones, las películas sigan usando el desenfoque a la hora de trabajar sobre la profundidad. El crítico argentino Diego Lerer apunta hacia otra dirección a la hora de dar la vuelta a las convenciones del 3D: "el 3D mejora cuando es utilizado para dar profundidad a la imagen y no necesariamente para acercarla al espectador. Esto es: tener la sensación de que la pantalla sigue para atrás más que venirse para adelante."

Los cineastas que están apuntalando las bases del 3D parecen trabajar sobre tres ideas: el movimiento, el espacio y la tensión entre un cine de género y un tratamiento más realista de la imagen (en cierta manera, esa era la propuesta de Scorsese en sus declaraciones). Películas como ‘Pina o ‘La cueva de los sueños olvidados’ ponen el foco en el espacio. Wenders construye una película en la que los escenarios parecen salidos de un filme de ciencia ficción y cobran volumen a través de los movimientos de los bailarines. "El 3D es ideal para filmar la danza", llegó a afirmar el director. Herzog, por su parte, se adentra en un espacio restringido al público, las cuevas de Chauvet, cuyas estalactitas y formas huecas resultan ideales para las tres dimensiones. En el fondo, no hay tanta diferencia entre las cuevas en las que se adentra Herzog y los lugares espaciales que planteaba James Cameron en ‘Aliens: el director alemán lleva años caminando libremente por el alambre que separa el documental de la ciencia ficción. En ‘La cueva de los sueños olvidados, Herzog ofrece al espectador una experiencia única: adentrarse en un espacio reservado, sentirse dentro de la cueva, vivir algo próximo a una experiencia real.

   

(*) Declaración recogida por el crítico Rüdiger Suchsland en el Festival Internacional de Cine de Berlín.

(**) Esto me recuerda a algo que me comentó el crítico Quim Casas: de como, durante la instauración del sonoro, muchas películas se rodaban aun sin sonido porque no había suficientes salas de exhibición que tuviesen los sistemas adecuados y cuando por fin estaban terminadas, ya habían más salas preparadas.

(***) Vale la pena seguir el blog de Diego Lerer, que forma parte de la imprescindible web argentina www.otroscines.com.

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Werner Herzog, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Toy Story

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