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Manual de uso: Guy Delisle

Manual de uso: Guy Delisle

Publicado el 24.09.12
por Mercedes Cebrián
@mercedescebrian

El francocanadiense Guy Delisle debutó con 'Cómo no hacer nada', un álbum de anécdotas, relatos y observaciones cuyo título vaticinaba de algún modo el estilo de vida en el que se vería envuelto más adelante y que, por suerte para sus lectores, relata en otros cuatro álbumes: ' Shenzhen' , 'Pyongyang', 'Crónicas birmanas' y' Crónicas de Jerusalén', editados en España por Astiberri. En todos ellos aparecen temas y atmósferas que le otorgan un estilo contundente.

 

Asia para principiantes

Sus cuatro álbumes principales transcurren en ciudades asiáticas más o menos lejanas si las miramos desde Europa. Y es desde Europa, o mejor dicho, desde Occidente, desde donde mira Delisle. En cada uno de los álbumes se percibe con claridad el entusiasmo del autor por transmitirle a su lector potencial —un occidental de clase media como él— la extrañeza, perplejidad e impotencia que a menudo siente en las situaciones más diversas. Las actitudes de los colonos israelíes, las tradiciones populares birmanas o lo pequeño de las tallas de camisas para hombre en Hong Kong se encuentran en el catálogo de cosas que su mente, declaradamente occidental, no acaba de entender. Leyendo estos álbumes aprendemos, como si nos asomásemos por un agujerito privilegiado, la cultura y costumbres de un lugar ignoto hasta el momento, y lo hacemos al ritmo de la fascinación del propio Delisle.

El entendimiento entre los pueblos, tan deseado por todos, queda un poco en entredicho cuando Delisle nos describe las peripecias en que se ve envuelto por la imposibilidad de hacerse entender frente a sus interlocutores o viceversa. En su tono no esconde sus orígenes, limitaciones o prejuicios:  es honesto desde el principio en su actitud de tipo afable de clase media que se desespera si el aire acondicionado deja de funcionar o que se lanza de cabeza al paté y a los pepinillos durante el banquete que sirve la embajada francesa para celebrar el 14 de julio. Y todo esto nos lo comunica con las herramientas de la novela gráfica, que le proporcionan una expresividad difícil de lograr para alguien que solamente maneje la imagen o las palabras.

 

La soledad tiene cosquillas

En sus dos primeros libros, Delisle se retrata básicamente solo, pues para un extranjero que no habla el idioma local no hay muchas otras maneras de estar en la capital de Corea del Norte ni en la ciudad china de Shenzhen. Sus dibujos en blanco y negro, salpicados de zonas grises, expresan estupendamente esa sensación inquietante que a uno se le instala en el estómago al llegar por la noche a un hotel cuyas habitaciones son el colmo de la impersonalidad. Delisle está geográfica y espiritualmente lejos de su casa y nos lo hace saber en estos álbumes. Su misión en Shenzhen y Pyongyang es supervisar la producción de una serie de dibujos animados, y es fuera de su vida laboral cuando lo gris se torna aún más grisaceo si cabe. Pero no pensemos que el protagonista de estas crónicas es un hombre amargado que relata pormenorizadamente su aburrimiento rayano en depresión. Al contrario, Delisle se parece más bien al personaje de Bill Murray en 'Lost in translation': posee un gran talento para buscarle las cosquillas a esos momentos duros, secos y anodinos en los que la vida nos pone en no pocas ocasiones, de ahí que su aburrimiento nos resulte hasta lúdico. El mejor ejemplo lo encontramos en sus crónicas de Pyongyang, la capital de Corea del Norte: la televisión censuradísima, los espectáculos de música folclórica en los que una serie de niñas de sonrisa clonada tocan el acordeón y lo vacío de los restaurantes cobran todos una vida inesperada en manos de Guy Delisle.

  


La falta de inspiración como una de las bellas artes

En numerosas viñetas a lo largo de todos sus álbumes, Delisle se autodibuja inclinado sobre su mesa de trabajo, lápiz o rotulador en mano y con una clásica taza de café a un lado. Y aparece quejándose: “no sé qué demonios dibujar”, “estoy perdiendo el tiempo…” Pero no nos dejemos engañar por las apariencias: Delisle no es en absoluto un vago redomado. Por más que durante algunos segundos nos haga creer que esta vez perdió la inspiración del todo y que no podrá generar nuevo material, la constatación de que justamente esa viñeta se encuentra en el interior de un álbum de más de doscientas páginas nos tranquiliza.

Lo que sí hace bien Delisle es transmitir la desazón de quien realiza trabajos creativos como medio de vida: a pesar de ser blanco de envidias a menudo, él prefiere reflejar otros blancos cotidianos como el de la página que aparece vacía ante él, presentándose a veces como un alter ego del protagonista de Un hombre que duerme de Georges Perec, que no acaba de encontrar su lugar sobre la silla.

 

El mito del buen Rodríguez

En sus álbumes sobre Birmania y Jerusalén, Delisle se ha hecho mayor: lo vemos felizmente acompañado por su mujer, Nadège, trabajadora de la rama francesa de Médicos sin Fronteras, y sus dos hijos. Pero trabajar en Médicos sin Fronteras implica viajes y misiones de riesgo, por lo tanto, las frecuentes ausencias de Nadège cambian el apellido del dibujante por un campechano “Rodríguez” y ahí vemos a Delisle haciendo de amo de casa con frecuencia o empujando un carrito de bebé mientras recorre su barrio de Jerusalén. Lo que para otros podría resultar tedioso y sin sustancia, a ojos de Delisle es fuente de cientos de anécdotas que incluyen visitas a supermercados —con su correspondiente análisis casi sociológico de los productos que allí venden—, paseos a la deriva por zonas conflictivas, o incluso un aprendizaje forzoso de costumbres locales como el popular festival del agua de Rangún, una especie de tomatina de Buñol birmana a base de agua arrojadiza que Delisle y sus lectores desconocíamos hasta el momento y que él se toma con bastante humor, sana cualidad que recorre todas las páginas de su obra.



'Crónicas birmanas', 'Como no hacer nada', 'Crónicas de Jerusale', 'Pyongyang' y 'Shenzhen' están publicados en España por Astiberri. 'Luis va a la playa' está publicado por Faktoria K de Libros.

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