Manual de uso: Drone Metal

Manual de uso: Drone Metal

Publicado el 16.03.12
por David Bizarro
@davidbizarro

¿A QUÉ NOS REFERIMOS CUANDO HABLAMOS DE DRONE METAL?

En 2008 Atsuo, batería y vocalista del grupo japonés Boris, defendía los propósitos iconoclastas de su música aduciendo que “no hay nada más aburrido que las etiquetas y las ideas preconcebidas; siempre se terminan convirtiendo en muletillas”. Cada día resulta más complicado establecer los márgenes que separan a este subgénero de sus parientes más cercanos: doom, stoner, sludge, black metal… En ocasiones los límites que los separan son tan difusos que deslegitiman la teoría de los compartimentos estancos; más aún si analizamos el alcance de su trasvase a otras disciplinas extramusicales como el cine o el arte contemporáneo.

 

Para el artista conceptual neoyorquino Banks Violette (que ha contado con la música de Stephen O’Malley para varias de sus instalaciones) el drone metal “tiene más de físiológico que de meramente acústico; se persigue una atmósfera determinada con efectos viscerales”. Violette habla con conocimiento de causa; no en vano una de sus piezas más celebradas, Untitled (Church) (2005), evocaba la quema de iglesias en Noruega con el atronador acompañamiento black metalero de Thorn Ltd. como telón de fondo. No deja de ser curioso que el hilo conductor de su obra tenga tanto que ver con los crímenes rituales y el suicidio adolescente, adscritos a un marco próximo al death metal “donde la violencia se sublima y la frontera entre fantasía y realidad se vuelve cada vez más borrosa”. 

Por su parte, el cineasta Jim Jarmusch recurrió a varios instrumentales de Earth, Boris y SunnO))) para su última cinta, ‘Los límites del control’ (2010). “Me encantan los paisajes visuales que hacen. Me llevaron en la dirección adecuada a la hora de escribirla y su música acabó cobrando un papel muy especial en la película”.

 

¿Nos encontramos pues ante una “versión intelectualizada” del heavy metal de toda la vida? Pues no necesariamente. En su faceta más abstracta y experimental, las citas a Black Sabbath quedan sepultadas bajo mantos de distorsión y seísmos de bajas frecuencias. Según O’Malley, líder de SunnO))), la vibración es el efecto principal de su música. “Y si encima la tratas con amplificadores, puede convertirse en algo físico. El sonido no deja de ser un fenómeno físico compuesto de ondas. El hombre puede experimentar con todo el cuerpo, escuchar con cada órgano”.

Asentados en un acorde perpetuo, los ritmos se ralentizan para crear un mantra sónico que tiene mucho que ver con los planteamientos estéticos de The Dream Syndicate, La Monte Young, Tony Conrad o John Cage y los pasajes atmosféricos del ambient. Una suerte de soundscapes apocalípticos, sugestivos y turbadores a partes iguales, que alcanzan su máxima expresión en directo. Y a todo volumen. “Entre ruido y música la única diferencia es que la música tiene una estructura reconocible.No es una mera explosión de potencia extrema, es una manipulación capaz de producir una sensación física”, concluye O’Malley. 

 

AL PRINCIPIO, DYLAN CARLSON CREÓ EARTH.

A finales de los ochenta Dylan Carlson bautizaba a su banda en honor a Ozzy Osborne y Tommy Iommi, labrándose de inmediato una reputación dentro de la pujante escena de Olympia, Washington. Siguiendo el consejo de su compañero de fatigas Kurt Cobain (con quien registró la demo de ‘Divine And Bright’, incluida en el recopilatorio de la banda ‘Sunn Amps and Smashed Guitars Live’), Carlson se mudó a Seattle en el momento preciso en el que el underground comenzaba a enseñar los dientes.

En sintonía con la propuesta de grupos como The Melvins, Earth sentarían las bases del género con su primer asalto discográfico, Extra-Capsular Extraction (Sub Pop, 1991). Un EP de apenas tres canciones que superaba la media hora de duración y los desmarcaba del resto nombres de su generación al apostar por una vanguardia opresiva, cercana al ascetismo metálico. Buen ejemplo de ello son los dieciocho anticlimáticos minutos de ‘Ouroboros Is Broken’, sustentados sobre una monótona repetición de acordes de efectos devastadores que anticipan el rumbo que tomarían sus futuras composiciones.

 

Casi sin proponérselo, Earth expandieron las fronteras de su sonido con el totémico ‘Earth 2 - Special Low-Frequency Version’ (Sub Pop, 1993) que todavía hoy ejerce en el oyente un efecto similar al del bífidus activo: te vacía y renueva por dentro. En aparente respuesta al extremismo de aquella nueva hornada británica representada por Godflesh y Maine, acuñan un exasperante mantra de distorsión eléctrica de cualidades hipnóticas sin necesidad de variar de nota, en una especie de progresion zen que culminaría en ‘Phase 3: Thrones & Dominions’ (Sub Pop, 1995).

 

BORIS Y EL FENÓMENO NIPÓN

Tras el traspiés con el stoner rock de ‘Pentastar: In the Style of Demons’ (Sub Pop, 1996), Carlson desaparece del mapa para desengancharse de la heroína. Con Earth fuera de juego durante casi una década, los japoneses Boris se convirtieron en la nueva cabeza visible del género gracias a ‘Absolutego’ (Fangs Anal Satan, 1996), un desproporcionado órdago de sludge metal y ramalazos ruidistas consagrado a un único corte de más de una hora. El drone metal se adentraba así en derroteros cien por cien experimentales, donde las texturas ruidistas y las subfrecuencias del japanoise colisionaban frontalmente con los cánones occidentales.

 

Sus colaboraciones con Merzbow-‘Sun Baked Snow Cave’ (Hydra Head, 2005)- o Keiji Hano -‘Black: Implication Flooding’ (Inoxia, 1998)-abundan en ejemplos al respecto, allanando el camino para una de las más fecundas alianzas de la historia del género, ‘Altar’ (Southern Lord, 2005), junto a SunnO))). Sin desmerecer los logros de discos más convencionales como ‘Amplifier Workship’ (Mangrove, 1998), nos encontramos ante una auténtica obra maestra de oscuridad incontestable y ecos paganos, tan atmosférica como terrible. La demostración más clara de que el heavy no pasa necesariamente por el metal y que Glenn Brianca, Rhys Chathman, Venom y Angelo Badalamenti pueden llegar a conjurar idénticos fantasmas.


Ese mismo año entregarían su mayor éxito internacional hasta la fecha, ‘Pink’ (Southern Lord, 2005), encumbrado de inmediato como uno de los títulos esenciales del post-metal. Los ecos de Nick Drake, My Bloody Valentine o Sigur Rós les hace más asumibles para un público indie que por aquel entonces empezaba a interesarse por Jesu e Isis, iniciando una progresiva domesticación en su sonido que llega hasta nuestros días (‘Heavy Rocks’ y ‘Attention Please’, ambos de 2011).

 

SUNNO))), LA LITURGIA DEL DRONE

Que se lo pregunten a nuestros Orthodox: si Dylan Carlson es Dios, entonces Stephen O’Malley y Greg Anderson son la Vírgen y el Espíritu Santo. Los dos vértices más ariscos de la Santa Trinidad del drone metal merecen la canonización inmediata, tanto por sus méritos conjuntos en SunnO))) como por separado; el primero con Khanate o KTLy el segundo con Goatsnake y Burial Chamber Trio. Representantes de una nueva generación de músicos influenciados por el death/black metal, O’Malley y Anderson iniciaron su andadura a la sombra de Earth. “El Sol (Sunn) gira en torno a la Tierra (Earth)”, afirman; y mientras que Boris se llaman así por la canción homónima del ‘Bullhead’ (Boner, 1991) de The Melvins, O’Malley y Anderson rinden pleitesía al modelo de amplificadores con el que ponen a prueba los umbrales del sonido. El mismo, por cierto, que décadas atrás emplearan The Velvet Underground, The Who, Cream o Jimi Hendrix.

 

Desde sus inicios con The Burning Witch y Thorr’s Hammer, O’Malley y Anderson han evolucionado hacia una suerte de dark ambient donde Bathory y Mayhemconfluyen con el jazz cósmico de Miles Davis y Alice Coltrane, la mitología húngara y las ceremonias druídicas. En directo, ataviados con túnicas negras, sus epifanías aurales adquieren visos de experiencia colectiva. “La música abstracta tiene potencial para ser percibida como algo espiritual. Ayuda a abrir la mente y la percepción, así que es posible que invite al trance y la meditación”.

Desde que vistieron por primera vez los hábitos en 1998, el grueso de su producción ha visto la luz al amparo de su propia discográfica, Southern Lord, hogar actual de Earth y sello insignia del movimiento doom metal. Su trayectoria se mantiene en constante crescendo creativo gracias a títulos como ‘ØØ Void’ (SL, 2000),  ‘Black One’ (SL, 2005)y su opus magna, ‘Monoliths & Dimension’ (SL, 2009). La reciente publicación de ‘The Iron Soul of Nothing’ (Ideologic Organ, 2012) junto al emblemático proyecto industrial de Steven Stapleton, Nurse With Wound, se salda con una nueva e inquietante obra maestra, a la que hay que sumar el fúnebre rework de su primer álbum. Absolutamente colosales.

 

EL REGRESO DE EARTH: MIRANDO HACIA ATRÁS SIN IRA 

“Crecí siendo un niño metalero, me gustaba el hard rock y el heavy metal” , recuerda Dylan Carlson. “Fue una mezcla de eso, The Velvet Underground y King Crimson. La percepción de que Earth éramos un banda de metal era más que nada por el volumen al que tocábamos y porque vestía una camiseta de Morbid Angel en la foto de la contraportada de nuestro segundo disco” Felizmente recuperado con ‘Hex; Or Printing In The Infernal Method’ (Southern Lord, 2005), abriría un nuevo capítulo de su biografía donde el country y el folk se fusionan con el minimalismo metalero. Con la brújula apuntando hacia The Fairport Convention, Pentangle, Bert Jansch o Richard Thompson, sus últimos trabajos ( ‘The Bees Made Honey in the Lion’s Skull’ y el díptico ‘Angels of Darkness, Demons of Light’) suenan más maduros; menos abrasivos, si se quiere, pero a su manera igualmente magistrales.

 

“Existe un sector del público metalero que tienen una mente más abierta de la que la mayoría de las personas pensaría”, continúa. “Por supuesto también están los head-bangers, que solo quieren escuchar más de lo mismo. Pero lo bueno de los fans del metal es que son muy apasionados con su música y no prestan demasiada atención a las modas. Una vez que te acogen, no te abandonan fácilmente… a menos que te pongas mallas rosas o empieces a tocar con sintetizadores.” 

Para Carlson, que ha compartido escenario con músicos como Joe Preston -The Melvins,High On Fire, Thrones- o Steve Moore -Bill Frisell, SunnO)))- “cada disco es como una instantánea de otra época, refleja con quién estaba y lo que quería decir en ese momento. En los últimos discos, por ejemplo, busco la inmediatez del directo y han sido grabados a pelo. Cuando empezamos a tocar no disfrutaba demasiado en los conciertos, pero ahora me encanta. Es una de tantas cosas en las que he conseguido mejorar con el tiempo.”

Otros tags:
Earth, John Cage, Boris, Sunn O, Black Sabbath, LaMonte Young, The Melvins

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