Lost & Found: ‘All the real girls’

Lost & Found: ‘All the real girls’

De David Gordon Green

Publicado el 25.05.12
por Toni Junyent Rosa

Si nada lo impide, el próximo mes de septiembre se empezará a rodar el remake de ‘Suspiria’ (Dario Argento, 1977), una de las mejores películas de terror de la década de los setenta y de todos los tiempos. Su director será David Gordon Green, que la semana pasada estrenó en España ‘El canguro, estrafalaria e incorrecta “comedia con niños” protagonizada por Jonah Hill. A bote pronto, el salto de una película a otra puede desconcertar. Y uno puede preguntarse qué va a aportar o cómo va a actualizar alguien como Gordon Green una película que, ante todo, es una experiencia estética, un poema esotérico en rojos y azules. Pero no es la primera vez que este cineasta nacido hace treinta y siete años en Little Rock, Arkansas da un salto mortal sin red. Hasta 2007, año en el que estrenó la inédita aquí ‘Snow Angels’, Gordon Green era un director de dramas indies que, como él mismo recuerda siempre que le hacen entrevistas, casi nadie veía cuando irrumpían en la cartelera americana. Sólo años después, sus primeras películas han ido adquiriendo cierta reputación de culto. Una de esas películas es la que hoy queremos recuperar: ‘All the real girls’(2003). Todo cambió cuando tras ‘Snow Angels’ llegó ‘Superfumados (2008). Bajo el manto infalible de Judd Apatow, y gracias a un desmadrado guión firmado por Seth Rogen y Evan Goldberg, David Gordon Green se vio a sí mismo habiendo dirigido un taquillazo. Un cóctel burbujeante que mezclaba alegremente la comedia de fumetas, las pelis de detectives y la acción ochentera. La llamada Nueva Comedia Americana iba a acoger temporalmente a un tipo que había debutado en el cine con ‘George Washington’ (2000), un drama racial con actores no profesionales. Del llanto y el desgarro a las carcajadas, y de ahí, parece, al escalofrío.

 

All the real girls’ es el segundo largometraje de Gordon Green, de largo el más aplaudido, por más que su siguiente película, ‘Undertow’ (2004), se la produjera el mismísimo Terrence Malick. Hay algo que ya no se estila en las películas de hoy y es colocar al final de las películas el letrero de THE END, tan propio del cine clásico. En ‘All the real girls’ lo veremos, tras un fundido a negro después del último plano. Porque es un drama romántico en toda regla. De los de toda la vida. Eternos, dicen. De esos que, si por mala fortuna resulta que vives o has vivido una situación remotamente similar, hacen que acabes tocado o asqueado. Y que digas para tus adentros que lo entiendes, que les entiendes y a la vez los odias, por ser tan inútiles, aunque la película no siempre lo merezca. Pero tú sabes o crees saber lo que ha ocurrido entre ellos.

 

Ellos son Paul y Noel, interpretados respectivamente por Paul Schneider, coautor del guión, y la siempre adorable Zooey Deschanel, cuyo nombre estaba empezando a oírse por aquellos años. Ella acaba de volver al pueblo de su familia tras pasar toda la adolescencia encerrada en un internado, y él es un seductor de bar, un coleccionista de cabelleras, que se enfrenta al reto de dejar de ser él mismo. O de convertirse en alguien mejor. A ambos les persigue el fantasma de lo que se supone que son. Tienen una relación. Bonita, para ser más específicos. Y la joden, aunque no os contaré todos los detalles del naufragio.

   


Habrá quien apunte que, por más que pueda llegar a conmovernos ver a Zooey Deschanel gritándole, desesperada, “I love you” a la cara a un ofuscado Paul Schneider, para más inri a la hora del crepúsculo, ‘All the real girls’ no deja de ser una peliculita indie de postales románticas. De hecho, su primera escena ya es una postal romántica. Lo que redime al filme es, para empezar, la delicada y extraordinaria composición de Deschanel, que se hace querer, como queremos a esas chicas de pueblo que a veces parecen más vulgares de lo que son. Todo parece indicar, en segundo lugar, que Schneider y Gordon Green volcaron en el guión de la película mucho de su propia cosecha, de sus experiencias y fracasos personales, lo que le confiere a la narración un aroma honesto y auténtico, marcando distancias con muchos de los romances prefabricados para modernos que se proyectan cada año en Sundance. Otra cosa que le gusta a Gordon Green, aunque él sea ante todo un cineasta de personajes, es ubicarnos en los lugares en los que transcurren sus historias. Si más no, decirnos que esto pudo ocurrir cerca de nuestra casa. O en el bar de al lado. Como en la posterior ‘Snow Angels’, una de las primeras cosas que veremos en ‘All the real girls’ será un montaje encadenado de planos de los lugares donde Noel y Paul se conocerán y que frecuentaran. En varias de las películas del director hay un momento en el que un personaje masculino devastado acude a un bar para ahogar sus penas en alcohol. Aquí también. Pero como dijo Nacho Vegas, las penas tienden a flotar en alcohol.

Hay un plano que me aterró y que no es el más plástico de toda la película, ni mucho menos. Es un plano cenital. Ellos están haciendo el amor, o tal vez follando. Paul la penetra con la cabeza vuelta hacia un lado, mirando a la pared. Luego la girará, pero nos queda la sensación de haber asistido a un polvo después de la muerte. La muerte de lo que pudo haber sido. Todo el tramo final de ‘All the real girls’ está presidido por la incomunicación. Paul y Noel han levantado un muro que ya no se derribará nunca, al menos en el tiempo de la película. Y no tienen nadie a quien culpar más que a ellos mismos. Llega un momento en el que él ya no puede hablar con ella, lo intenta pero no le sale, siempre hay algo que le echa atrás, pero sí puede pegarle un puñetazo al cristal de su coche y romperlo en pedazos. El amor termina y la vida sigue igual. O un poco peor.

Si la película nos deja tontos, siempre podremos cambiar de género, viendo, por ejemplo, ‘De culo y cuesta abajo’ (2009-2012), una perla de la más negra comedia televisiva de los últimos años, y que cuenta entre sus directores habituales con el mismo David Gordon Green, junto a Jody Hill, uno de sus creadores, o Adam McKay. Ahora sólo nos queda especular cuál será el siguiente paso de Gordon Green, una vez haya triunfado o fracasado en el intento de reinventar ‘Suspiria en clave norteamericana.

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David Gordon Green, Judd Apatow

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