Lost & Found: Rubicón

Lost & Found: Rubicón

Publicado el 12.07.11
Punto de no retorno
por Rebeca Suárez
A veces se nos escapan cosas que merecen la pena, y necesitamos más tiempo para reconocer su valor. En Lost & Found echamos la vista unos meses hacia atrás para recuperarlas.

Cuando la HBO rechazó el proyecto que un antiguo guionista y productor de su niña bonita “Los Soprano” les ofrecía, poco podían imaginar que la propuesta de Matthew Weiner, una serie que se les antojaba carísima y con olor a naftalina, sería recogida por un canal de cine clásico cuyo movimiento más atrevido hasta la fecha había sido incorporar a su parrilla películas en color. Pero AMC llevaba un tiempo observando cómo el imperio del coloso empezaba a tambalearse a medida que sus series bandera iban llegando a su fin "The Wire", "Sex and the City", "Six Feet Under", "Los Soprano"…) y cuando Mad Men se topó en su camino, no podrían haber encontrado un producto más adecuado para dar el salto a la arena: una serie estructural y moralmente moderna capaz de atraer a nuevos y más jóvenes espectadores, pero visualmente clásica y elegante para resultar del gusto de la clientela habitual.

Y aunque la audiencia tardó en encontrar ese canal extraño del que nunca había oído hablar, el boca a boca, la crítica y, sobre todo, los premios, acabaron coronando a la familia Sterling Cooper y a su casera como los nuevos estandartes de la ficción televisiva de calidad. Así, y bajo el lema “Story matters here” (aquí las historias importan), AMC emprendió un camino de producción propia capaz de hacer que los paladares más exigentes salivaran ante cada nueva propuesta: "Mad Men" lleva ganados, desde su estreno hace cuatro temporadas, 13 Emmys (de 49 nominaciones) y cuatro Globos de Oro. "Breaking Bad", apunto de arrancar su cuarta temporada, también ha recogido 6 Emmys (de 16 nominaciones). "The Walking Dead" se gestó anta tanta expectación que fue renovada por una segunda temporada incluso antes de estrenarse. La reciente "The Killing" (versión de la serie danesa homónima) con su primera temporada recién terminada y una segunda en marcha, puede presumir de haber cosechado buenas críticas y mejores audiencias. Y la que nos ocupa: "Rubicón". Una serie que, a pesar de contar con el favor de buena parte de la crítica especializada, no pudo deshacerse de la sombra del éxito de sus compañeras de cadena y encontrar un hueco propio entre la audiencia.





Efectivamente, de todas las series por las que ha apostado AMC, la única que no ha acabado de cuajar es la apuesta de Jason Horwitch, que a pesar de contar con uno de los estrenos más vistos del canal, fue sufriendo progresivamente la indiferencia de un público que no acabó de entender dónde estaba el atractivo de una historia sobre teorías conspiranoides en la que no había ni tiros ni persecuciones. Y es que el juego que propone "Rubicón" no ofrece fácil satisfacción. Todo aquel que se vio atraído por su atmósfera retro de traiciones y redes de engaño, acabó descubriendo que Horwitch no tenía ninguna intención de recurrir a la acción barata y los giros de trama inesperados e inexplicables. Lo que nos ofrecía en cambio era una historia de descubrimiento, de indagación y despertar, que acabaría revelándose como una fábula de horror social no apta para conciencias aletargadas.

Aquellos que decidan adentrarse en su mundo, descubrirán a Will Travers (James Badge Dale), un analista de información que trabaja en la American Policy Institute de Nueva York: una agencia clandestina, nacida de las cenizas del 11S, cuya misión parece ser la de asesorar a los servicios de inteligencia de EEUU en la lucha contra el terrorismo.  Travers es una víctima de su tiempo en el sentido más literal de la palabra (perdió a su mujer e hijas en los atentados contra las Torres Gemelas). Y tanto él como sus compañeros de trabajo son el resultado de una sociedad absolutamente perdida que vio cómo se colaba en su jardín una realidad que hasta entonces sólo habían vislumbrado en las noticias, y que casi una década después, sigue buscando puntos que conectar.

Es en este marco cuando Tom Rhumor (un importante hombre de negocios) acaba con su vida sin motivo aparente, dejando tras de sí una única pista: un trébol de cuatro hojas, y a Katherine Rhumor, (interpretada por la magnífica Miranda Richardson) una viuda con la firme determinación de encontrar respuestas. Simultáneamente Travers descubre una serie de códigos escondidos en múltiples periódicos de tirada nacional con referencias a varias instituciones gubernamentales. Desencadenando así una serie de consecuencias fatales en su entorno (tanto laboral como afectivo).



Así nos introduce Horwitch en este mundo de intrigas y sombras. Y como a sus personajes, nos ofrece la información necesaria dejándonos, no sólo descubrir los enigmas, sino también crear nuestros propios códigos para ello. Dejando nuestra satisfacción y disfrute no en manos del acto de “tirar de la manta”, sino del de deshilacharla. De recorrer todas sus costuras, sin prisa pero sin pausa, deleitándonos con cada puntada.

Para los que nunca se atrevieron a cruzar el "Rubicón", se quedaron a mitad de camino o, simplemente, nunca lo encontraron en el mapa, éste es el mejor momento posible para zambullirse en sus aguas. En un punto de nuestra historia plagado de celebraciones y suspiros de alivio porque el malo oficial del terrorismo duerme con los tiburones, no es muy difícil comprender por qué la propuesta de AMC y Jason Horwitch, una de la más arriesgadas ideológicamente de la ficción televisiva, no consiguió contar con el respaldo de la audiencia más allá de sus únicos 13 capítulos. No deja de tener sentido que una sociedad adoctrinada para ver el mundo en tonalidades de “bueno” o “malo” sea capaz de entregarse y vivir como más reales y satisfactorias las aventuras de Jack Bauer, protegiéndonos del enemigo de fuera en tiempo record, que realizar una mirada introspectiva y salir de una cueva creada para hacernos sentir sanos y salvos.

Cruzar el Rubicón significa aceptar que no hay marcha atrás. El primer paso representa un punto de no retorno. O en palabras del propio Julio César antes de cruzarlo: Alea iacta est. 

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Comentarios
01
Enviado el 12/07/11 a las 11:21:36
De más a menos
El comienzo es increíble, pero en los últimos capítulos se desinfla un poco. Puede que fuese porque ya se intuía que no iba a haber segunda temporada. Si hubiesen dejado que la serie creciese hubiese podido ser una de las grandes.
02
Ana Uru
Enviado el 12/07/11 a las 16:41:44
Perdiendo el power
Coincido con tu opinión, empieza con un nivel altísimo y pierde mucho en los últimos capítulos. Aún así pone el punto de mira en cosas muy interesantes como por ejemplo a través del personaje de la chica alcohólica o la secretaria. Es probable que se hubiera trabajado más el final si hubiera tenido que mantenerse la tensión más tiempo.
 
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