Cómo ser Wes Anderson

Cómo ser Wes Anderson

Publicado el 14.06.12
por María Adell
Dicen que con ésta, ‘Moonrise Kingdom’, Anderson ha hecho la película que quería hacer. Celebramos el último estreno de uno de nuestros artistas favoritos.

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Rodéate de un grupo de colaboradores habituales, crea una suerte de compañía estable, cómplice, en la que confíes para llevar a cabo tus proyectos más marcianos. Ejemplo: Robert D. Yeoman es el director de fotografía responsable de la delicada paleta cromática que domina todas las películas del cineasta texano, desde Academia Rushmore(1998) a Moonrise Kingdom (2012). Punto extra si consigues que los colaboradores sean miembros de una misma familia, como es el caso de los hermanos Luke Wilson (actor en Ladrón que roba a ladrón , Rushmore y Los Tenenbaums) y Owen Wilson (actor habitual y guionista de Ladrón, Rushmore y Tenenbaums). Doble puntuación si, además, pertenecen a una de las sagas más poderosas de la realeza hollywoodiense: los primos Jason Schawartzman (protagonista de Rushmore, Viaje a Darjeeling y con un papelito desternillante en Moonrise) y Roman Coppola, hijo de Francis, hermano de Sofia y coguionista de Darjeeling y Moonrise.


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Ficha, para tu segunda película, a un actor mítico en horas bajas. Gana su confianza, dale uno de los papeles de su vida (lo sentimos, Sofia, para los muy fans el renacimiento de Bill Murray, su consagración definitiva como clown triste con cara de palo, tiene lugar en Rushmore, no en Lost in Translation) y haz de él un miembro estable de tu compañía. Te convertirás así en un director adorado por los actores, y los repartos de tus películas estarán plagados de estrellas: de Gene Hackman (quien ganó un Globo de Oro por Los Tenenbaums) a otra de las habituales, Anjelica Huston, pasando por Gwyneth Palthrow, Natalie Portman, Ben Stiller o Bruce Willis. Ni Brad Pitt se te resistirá, aunque sea para un anuncio de teléfonos móviles japoneses que homenajea, de un modo impecable, Las vacaciones de M. Hulot, de Jacques Tati.

 


Ten a mano un buen número de referencias literarias, de J. D. Salinger (su “Franny y Zooey” planea sobre los avatares de la familia Tenenbaum), a las novelas de aventuras juveniles de Enid Blyton, pasando por dos referentes fundamentales en todo el cine de Anderson: la tira cómica “Peanuts”, de Charles M. Schulz (no en vano, el perro que aparece en Moonrise se llama Snoopy), y la obra del escritor infantil Roald Dahl, autor de Fantastic Mr. Fox, único guión no original rodado por el cineasta. Aparecen muchos libros, físicamente, en las películas de Wes Anderson, restos anacrónicos de una era ya desaparecida, previa a la invasión digital: en Moonrise, Suzy huye con Sam llevando consigo una pesada maleta llena de los mismos, y es a través de una anotación en un libro de Jacques Cousteau (otro de los ídolos del director) que Max Fischer conoce a Mrs. Cross en Rushmore. Hay una obra, sin embargo, que no aparece de forma evidente en pantalla pero en torno a la cual gravita toda la filmografía andersoniana: “Peter Pan”, de J. M. Barrie. En cierto modo, cada uno de sus filmes pueden leerse como variaciones del mito peterpanesco: personajes adultos que se resisten a crecer, o adolescentes aniñados (esos Niños Perdidos del relato) que buscan un referente paterno.



Deja bien claro, desde el inicio, que lo que verán los espectadores tras los títulos de crédito es una ficción, pura representación. Para ello, empieza todas tus películas con una cortina teatral abriéndose (Rushmore, Life Aquatic), un cuadro que muestra algunos de los personajes o espacios que aparecerán en el filme (Moonrise), o con la portada de un libro en el que se narra la historia de la película (Tenenbaums). Introduce en la mayor parte de tus filmes una representación teatral que actúa como reflejo de la propia representación cinematográfica. Utiliza efectos manuales, artesanales y analógicos, ajenos a lo digital, para poner sobre el escenario obras de teatro bélicas que se desarrollan en la selva vietnamita (Rushmore), o representaciones infantiles con cientos de niños disfrazados de animales (Moonrise). Esta sensibilidad handmade, en la que los efectos visuales presentan un irresistible aroma retro, te aproximará a otro nostálgico cineasta-ilusionista (de la estirpe, como tú, de Georges Méliès) con fobia a todo lo que suene a postproducción digital: Michel Gondry.   

 


Convierte a George Clooney en el zorro más listo de la comarca en Fantastic Mr. Fox, una adaptación impecable, filmada en stop motion, del cuento de Roald Dahl. Saca el control freak que llevas dentro con esta recreación rigurosa de un mundo en miniatura, en el que espacios y personajes están a tu completa merced. Aplica lo que has aprendido: convierte tu primer filme de animación en el laboratorio de pruebas de la que será, hasta el momento, tu obra magna, Moonrise Kingdom, una ficción controlada al milímetro, un auténtico trabajo de orfebrería cinematográfica. Sus apabullantes títulos de crédito son la síntesis perfecta del virtuosismo alcanzado por Anderson: mientras suenan fragmentos de la Guía de Orquesta para Jóvenes, de Benjamin Britten (que, justamente, desentraña el funcionamiento de una orquesta, parte por parte) el cineasta filma los interiores del hogar de Suzy como si fuera una casa de muñecas, un universo escenificado y controlado por el cineasta en el que, como en la orquesta, cada elemento ocupa un lugar determinado.



Disfraza a tus personajes, vístelos de uniforme, cuanto más retro mejor. Desde el uniforme de colegio privado que llevaba Max Fischer en Rushmore, a los de los boy scouts a los que pertenece Sam en Moonrise Kingdom, pasando por los chándales a juego que llevaban Ben Stiller y sus hijos en Los Tenenbaums. Los disfrazes de animales (pero también los estampados de animales, como los de las maletas de Darjeeling) juegan un papel esencial en el imaginario andersoniano: disfrazes hechos a mano, con telas, cartulinas, papel de seda y de charol, elementos que remiten de inmediato a las funciones del colegio de nuestra infancia. En Moonrise, no es casual que el flechazo entre Sam y Suzy se produzca, justamente, cuando ella está disfrazada de pájaro: un hermoso cuervo cubierto de plumas negras.

 

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Cuida al milímetro la dirección artística de cada una de tus películas. Encuentra espacios únicos, como la casa de Los Tenenbaums, un palacete de ladrillo rojo del Harlem neoyorquino, o recréalos en estudio, como el submarino de Steve Zissou en Life Aquatic, o el compartimento de tren en Darjeeling. Estudia cada detalle, la disposición del mobiliario, el color de las alfombras, el estampado del papel de pared, las fotografías encima del tocador. Tras múltiples pruebas, tras diversos ensayos, crea, en tu última película, Moonrise Kingdom, una isla que parece Nunca Jamás. Un espacio inventado en el que se pueden vivir todo tipo de aventuras, repleto de cabañas en los árboles, canoas indias y tiendas de campaña a la orilla del mar. El lugar en el que a todos, niños y adultos, nos gustaría vivir. Aderézalo con objetos fetiche, cuanto más anacrónicos mejor: un tocadiscos portátil, un gorro de piel, unos zapatos de domingo, unos prismáticos, una maleta vintage, un vinilo de Françoise Hardy.



Ármate de una buena colección de discos. Puede que Tarantino se haya ganado la fama de ser el más ecléctico, el que tiene una concepción más amplia de la música pop, pero tú puedes convertirte en el más cool, el más elegante, el que combina hits de otras épocas con clásicos contemporáneos o incluso música barroca. Aprende de Anderson, la playlist de cualquiera de sus películas quita el aliento: Rolling Stones (es un gran fan e incluye una o dos canciones de la banda de Mick Jagger en cada uno de sus filmes), The Kinks, Nico, The Clash, Elliott Smith, The Beatles, Ramones, Erik Satie, Henry Purcell, Françoise Hardy…

 


Filma el amor. El amor no correspondido (Rushmore), el amor adolescente (Moonrise), el amor imposible (Tenenbaums), como lo hizo el ídolo de Anderson, François Truffaut, a quien homenajea e n este spot que recrea una de las secuencias más emblemáticas de La noche americana (1973). Siempre que puedas, filma el deseo amoroso a cámara lenta (como en esa secuencia de Los Tenenbaums en la que Margot camina hacia la cámara mientras suena la voz rota de Nico, o en esa obra maestra en miniatura que es el cortometraje Hotel Chevalier) o en hermosos planos-contraplanos con zoom incorporado que remiten a filmes clave de la década de los 70, como Una historia de amor sueca (Roy Andersson) o Melody (Waris Hussein). Elige como objeto de devoción de tus protagonistas masculinos torpes, aniñados, a chicas que parezcan salidas de un filme de la nouvelle vague, chicas que recuerdan a Anna Karina, a Anouk Aimée: caras de ángel con la mirada enmarcada por un eyeliner permanente.


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Viste bien, como un dandy del siglo XXI, como Neil Hannon, como Tom Wolfe, como Jarvis Cocker (quien aparece como estrella invitada en Fantastic Mr. Fox). Trajéate, colócate un pañuelo de seda al cuello. Es lo que te diferenciará del resto, lo que hará de ti un tipo único, inclasificable; lo que hará que te conviertas, en definitiva, en el Fantástico Sr. Anderson.

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