Breaking Bad: decisiones inaplazables

Breaking Bad: decisiones inaplazables

Publicado el 16.07.11
por Natxo López
Natxo López Muro es guionista profesional. Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra, ha desarrollado su carrera en el mundo de la televisión, en el que ha escrito series como 7 Vidas (Telecinco), La Familia Mata (Antena 3), Gran Reserva (TVE 1) e Hispania, de la que ha sido jefe de guionistas. Es autor del “Manual del Guionista de Comedias Televisivas”, del libro de relatos “Historias del desconcierto” y del blog de Fotogramas “El Guionista Hastiado”. Imparte talleres sobre guión en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba), en la Universidad Pontificia de Salamanca, la Universidad de Navarra, la Universidad Camilo José Cela y en el Instituto del Cine de Madrid.

Los guionistas, y sobre todo los guionistas de televisión, sabemos lo difícil que es lograr construir una historia hasta sus últimas consecuencias, sin desviarse del objetivo primigenio y fundamental que germinó en una primera idea. Las complicaciones narrativas, los miedos del escritor, las necesidades del mercado, las injerencias externas, las prisas, los lugares comunes del género o asuntos más prosaicos como la mera limitación presupuestaria, nos llevan a adoptar caminos alternativos, a apartar nuestros primeros instintos para simplificar, resquebrajar, desideologizar o, simplemente, dulcificar la historia que pretendíamos contar en un principio.

Por eso la primera vez que vi “Breaking Bad” pensé para mis adentros “¿cómo demonios han logrado que les dejen hacer esto?”. Esta serie de la AMC narra la minuciosa y e irrevocable transformación de un profesor de química inofensivo y servil en un implacable traficante de metanfetamina, motivado por la necesidad de dejar la vida resuelta a su familia, a sabiendas de que un cáncer de pulmón está acabando con su vida.

El resultado es una de las fábulas morales más radicales que hemos podido ver en televisión, no muy lejos de las diatribas éticas de Toni Soprano y su hipócrita familia. Al igual que con el mafioso de New Jersey, los guionistas de “Breaking bad” consiguen que nos pongamos de parte de un malhechor, que nos identifiquemos con él, mediante el mágico recurso de ofrecernos una motivación verdaderamente poderosa para el personaje, y de hacernos recorrer con él el proceso que le lleva a tomar el camino de la delincuencia.

“Breaking Bad” es una serie fundamentalmente moral, que incide sin mojigaterías en ese deseo inconsciente del hombre moderno de recuperar una violencia antiquísima y desterrada de la sociedad civilizada, en la atracción física y morbosa hacia el poder de la fuerza, hacia el quebranto de las leyes jurídicas y sociales como medio directo de conseguir lo que deseamos, por encima de convenciones y normas éticas. Por qué Walter White delinque es una cuestión, en realidad, menor, una mera justificación o detonante. Lo transgresor aquí es ir descubriendo cómo en realidad disfruta “corrompiéndose”, cómo se convierte en un hombre nuevo, más feliz, más completo, más vivo, gracias a la violencia y al poder que le confiere su nueva careta de “Heinsenberg”, el traficante de anfetas más peligroso de la ciudad.

Walter Whitecomprende capítulo a capítulo que en realidad era un hombre capado, oprimido, anulado por su trabajo, su familia, por la enfermedad y la abulia vital. Ésa revelación radical le convierte en un personaje único. La cercanía de la muerte, la necesidad de contrarrestar la decepción provocada en sus seres queridos y el deseo de redención de lo que él considera una vida fracasada, le llevan a recorrer un camino del que no es consciente que ya no podrá regresar y que, para su desgracia, acabará poniendo en peligro precisamente todo aquello que trata de proteger.

Es muy relevante el tercer capítulo de la primera temporada, titulado "...and the bag's in the river". Se tiende a considerar que la esencia de una serie está contenida en el capítulo piloto. Pero los pilotos son siempre complejos y arduos; exigen presentar mucha información, establecer un tono, e introducir al espectador en una narración de la que no tiene antecedentes, y no siempre hay tiempo para adentrarse en asuntos más complejos. El de “Breaking Bad” es uno de los más trepidantes y divertidos de los últimos tiempos, pero es en este tercer capítulo donde podemos vislumbrar realmente de qué va la serie, en toda su crudeza y hasta sus últimas consecuencias. El germen del distanciamiento de Walter con su familia, la brutalidad del nuevo mundo en el que empieza a moverse, la compleja y problemática amistad que tiene con su nuevo socio y, sobre todo, la necesidad constante y crítica de posicionarse moralmente.




El episodio arranca con brusquedad, mostrándonos a los dos protagonistas aprendices de camellos despegando del suelo los restos deshechos de un traficante disuelto en ácido de cuyo cadáver tenían que deshacerse. Al mismo tiempo se establece un montaje paralelo con un flashback donde el profesor de química repasa con una guapa alumna los componentes químicos del cuerpo humano, mientras flirtean como dos tortolitos…

Es toda una declaración de intenciones, pero la esencia del capítulo arraiga en torno a un prisionero, un hombre que intentó matarles y al que retienen encadenado a una tubería, con un candado de bicicleta enganchado a su cuello. Todo el capítulo discurre alrededor de la decisión irrenunciable que el protagonista debe tomar. Sabe que si lo deja libre, ese hombre podría acabar con su vida y la de toda su familia. Sabe que debe matarlo. Pero Walter no es un asesino, y no desea cruzar esa línea. ¿Cuál es la solución, entonces?

Mientras su antiguo alumno Jesse Pinkman le presiona para que resuelva el “problema”, el químico busca con desesperación algún motivo al que agarrarse para evitarse la solución más drástica. Habla con el prisionero, busca su humanidad, su complicidad, una promesa en la que poder confiar… Y, cuando finalmente, aliviado, toma la decisión dejarle libre, algo sucede. Es un pequeño detalle, pero al mismo tiempo uno de los mejores recursos narrativos que he visto en muchos años de series y filmes de género, y el giro más trascendente del capítulo y, quizá, de toda la serie.





Un plato roto. Eso es todo. Un trozo de plato que falta en el puzzle. Es cuanto necesita Walter para saber que no puede elegir, que no tiene más remedio que matar para poder vivir.

Una decisión que es un capítulo. Un capítulo que es una decisión. La agonía de un personaje reflejada en el rostro de un actor, Bryan Cranston , que nos había acostumbrado a payasadas y gags imposibles interpretando al padre de “Malcolm”, y que aquí, una vez más, demuestra que los mejores actores, los más completos, técnicos y sorprendentes son siempre los actores de comedia.

El recurso del plato roto es un ejemplo de muchos de los grandes valores de “Breaking Bad”: sencillamente, es una serie muy bien escrita, y muy bien rodada. Ingenio, talento, trabajo, elegancia. Puede parecer un análisis algo simplista, pero es lo que pasa por mi cabeza cada vez que la veo. Por mucha retórica postmoderna, teoría narratológica o palabrería sociocultural que se derrame sobre las nuevas series que han revolucionado nuestro concepto de televisión, lo que cuenta al final es la fidelidad a la historia y a los personajes, la integridad narrativa, la reflexión y la escritura laboriosa como única forma de cabalgar el impulso creativo, la necesidad de contar y el deseo de contar bien. “Breaking bad” tiene buenos guiones y buenos actores bien dirigidos. Eso es todo, o casi todo. Aquí no hay personajes buenos y malos. Hay personajes con dudas, defectos, contradicciones, maldades y debilidades. Y a través de esos personajes complejos y unívocos nos cuentan una historia verdadera, aunque sea ficción. Eso, en apariencia tan sencillo, es lo que le convierte en una de las mejores producciones audiovisuales de los últimos tiempos, y, desde luego, en una de mis imprescindibles.


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AMC, Los Soprano, Bryan Cranston

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Comentarios
01
Virginia Alfaro
Enviado el 16/07/11 a las 14:25:04
El narcocorrido
Sin duda, un capítulo memorable pero yo me quedo con la angustia total que experimenté cuando Walter y Jesse son delatados por el tío de Tuco haciendo sonar el timbre de la silla de ruedas.! y con el narcocorrido, y con ese cierre de capítulo sonando DLZ de TV...
02
Rebeca Suárez
Enviado el 17/07/11 a las 17:59:18
Vivan los Pollos
Estupendo el artículo y estupenda la serie. He de reconocer que he llegado un poco tarde a la fiesta de Breaking Bad, pero me he topado con una de las cosas más fantásticas que han salido de la televisión. El valor de esta gente a la hora de llevar a los personajes por sus respectivos caminos es infinito y los momentos visuales (los que comentas tú, Virginia y muchísimos más) son impagables. ¡Viva Gilligan y viva AMC por dejarle hacer!
03
Eloísa Otero
Enviado el 18/07/11 a las 22:49:49
Chapeau!
También he llegado tarde, o no, qué narices, las series se ven cuando se ven, pero estaba terminando de ver los desasosegantes últimos capítulos de la segunda temporada cuando di con este artículo y su certero análisis... Y sí: ¿cómo demonios han logrado que les dejen hacer esto?...
04
Monica Acebron
Enviado el 01/09/11 a las 22:29:05
Del 1 al 4 seguidos
He empezado esta tarde despues de leer el articulo. Ya estoy oficialmente enganchada. A ver q deparan los stes capitulos y hasta donde llega.
05
Dos veces cuento
Enviado el 27/07/12 a las 17:13:24
Chejov también miraba platos rotos
No es fácil que esta comunicación te llegue después de más de un año. Lo intento, a ver si la botella no se queda flotando por ahí. La fidelidad a la historia y a sus personajes. Esa es la verdadera sensatez, Natxo. El sello del talento. Tu último párrafo suena tan decisivo como decir que sí y que venga desde dentro. Estoy leyendo y aprendiendo con tu Manual del guionista de comedias (¡buen endecasílabo!) televisivas. Buen guión, buenas interpretaciones. Hoy he visto "Flechazos". Me parece sobresaliente. Como soy bastante mayor, vi en su día "El columpio". Tu pieza viene a ser una actualización original de aquel chiste magistral, sin fecha, resumen de un tratado de Psicología, que disparaba al final: "¿Y sabes qué te digo? ¡Que te metas el gato por! En ese corto has conseguido también arte. No sólo entretenimiento. ¿A ti te resulta aburrido el arte? Encantado de conocerte. Joseluís G.
 
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