Manual de uso: Throwing Muses

Manual de uso: Throwing Muses

Publicado el 26.10.11
por David Saavedra
@davidsaavedra

Esta semana, Throwing Muses visitan Madrid y Barcelona en una gira de presentación de ‘Anthology’, (4AD- Popstock!, 2011), un doble álbum que repasa desordenadamente su trayectoria evitando obviedades y centrándose en las rarezas. En realidad, eso es absolutamente fiel al espíritu de una banda que escribió algunos de los renglones más retorcidos del indie rock norteamericano y que, aunque muchos no se hayan dado cuenta, nunca ha dejado de estar en activo.

Kristin y Tanya.

“Mi hermana Tea y yo éramos playeras, pecosas, pequeñas pazguatas cuando empezamos Throwing Muses. A los catorce años ya habíamos establecido un punto de vista que ya nunca nos podríamos sacudir: la mierda y las rosas están en todas partes, y es nuestro trabajo celebrar ambas cosas. A través de un humeante remolino de absurdas estructuras de acordes inventamos un mundo de ensueño que reflejaba tanto la mierda como las rosas y nos ofrecía, al mismo tiempo, versiones más encendidas de esas cosas en el mundo del sonido. Un sonido fascinante, desconcertante”. (Kristin Hersh, en las notas interiores de ‘Anthology’)


El origen de Throwing Muses ya fue de todo menos convencional. Kristin Hersh y Tanya Donelly (a quien ella siempre prefirió llamar Tea) no eran familia carnal. En realidad, eran mejores amigas en la escuela. La madre de Kristin, una vez se separó, contrajo matrimonio con el padre de Tanya. Súbitamente, las mejores amigas se convirtieron en hermanastras. Estamos en 1981 en Newport, Rhode Island, y las dos adolescentes –que posteriormente se moverán a Boston- deciden formar un grupo. Con otra peculiaridad: a los catorce años, Kristin empezó a escuchar voces en su cabeza. Transcribió lo que escuchaba y esas transcripciones se convirtieron en canciones. La línea entre la realidad y lo que escuchaba y luego reflejaba en sus escritos se fue haciendo cada vez más borrosa. Posteriormente le diagnosticarían trastorno bipolar. Las estructuras retorcidas de las canciones y el aprovechamiento artístico de esa bipolaridad (en forma de surrealismo, imágenes alucinadas, lúgubres o dementes, retratos de la vulnerabilidad y penetraciones en los lugares más oscuros de la mente) se convertirían en principales señas de identidad de un grupo siempre marcado por el talento y la compleja personalidad de Hersh.


1984-1987. El orgullo underground de Boston.

Aunque prácticamente todos los textos eran elaborados por la primera, Kristin y Tanya se ocuparon de las voces y guitarras principales, con David Narcizo en la batería y otra chica, Leslie Langston , al bajo. Además de romper convenciones en una era que lo propiciaba (estamos aún bajo el impacto del after punk), Throwing Muses emergieron desafiantes con una estructura de grupo absolutamente matriarcal. Tras un EP de debut editado en 1984, grabarían una maqueta seminal que se bautizaría como ‘The Doghouse Cassette’ y que llamaría la atención de Ivo Watts-Russell , propietario del influyente sello británico 4AD. Un par de años después, sucedería lo mismo con otra demo similar de otra banda de Boston, ‘The Purple Tape’ de los Pixies, grupo cuya trayectoria estaría muy unida a la de Throwing Muses. De hecho, la de Hersh y Donelly sería la primera banda norteamericana en firmar por 4AD, un sello de estética muy definida y especializado en bandas de atmósfera neo gótica como Cocteau Twins, Dead Can Dance o This Mortal Coil. Los de Boston nunca se identificaron con aquello (se autodefinían como country hardcore para marcar la diferencia), pero lo cierto es que, por las características de su sonido y sus letras, especialmente en los primeros años, era absolutamente lógico que calasen entre las huestes siniestras. Su álbum de debut homónimo, de 1986, así como los EP’s ‘Chains Changed’ (1986) y ‘The Fat Skier’ (1987), los convierten en un grupo de culto inmediato, sobre todo en Reino Unido, con un sonido favorecido por la producción de Gil Norton : otra posterior conexión con los Pixies, y no la última. En 1987, Throwing Muses se van de gira por Inglaterra, con la banda de Black Francis y Kim Deal como teloneros suyos.



1988-1991. Crecimiento alternativo.

En 1988 consiguen un contrato con Sire (subsidiaria de Warner) para su distribución en EE UU, aunque los desencuentros con la compañía serán frecuentes. Ese año editan ‘House Tornado’ y, en el 89, ‘Hunkpapa’ , con el que consiguen entrar por primera vez en las listas británicas. Boston ya estaba en el centro del mapa alternativo, pero no tanto por ellos como por los Pixies, que ya les sobrepasaban en críticas y popularidad gracias a su álbum ‘Doolittle’. En 1991, Leslie Langston abandonaba el grupo temporalmente y era sustituida por Fred Abong , quien grabaría uno de los álbumes más inspirados de la banda, ‘The Real Ramona’ . El impacto de Throwing Muses seguía creciendo y Tanya Donelly iba consiguiendo a duras penas aumentar su contribución compositiva a la banda, a la que ella aportaba una perspectiva más pop. En aquel disco firmaba dos temas…. pero no lo consideraba suficiente. Las tensiones creativas entre las dos hermanastras también crecían, y finalmente Tanya decide dejar el grupo para incorporarse a Breeders (una banda paralela de Kim Deal, de Pixies) y, posteriormente, formar su propio proyecto, Belly.

1992-1996. Kristin comanda el nuevo power-trío.

A grandes males, pensaría Kristin Hersh, grandes remedios: la banda se reconvierte a trío y, además, Leslie Langston regresa al redil. Con esa formación (completada por el siempre presente Narcizo) grabarían ‘Red Heaven’ (1992), su mayor éxito de ventas hasta el momento –eran los años de la explosión grunge, y eso les benefició-, que contó con la colaboración de Bob Mould (Hüsker Dü, Sugar). Además, las copias iniciales vendrían acompañadas de un disco acústico en solitario de Kristin Hersh en directo que presagiaba sus próximos pasos. Y ese llegaría muy pronto, con el primer álbum firmado con su nombre, ‘Hips And Makers’ (1994). Serían años muy intensos en los que la vocalista alternaría su incipiente recorrido en solitario con una banda que funcionaba a pleno rendimiento y, donde además, comenzaba a apostar por letras cada vez más confesionales, menos elusivas. Empieza a ganarse una imagen de artista tendente al exhibicionismo emocional, algo que ella relativiza de una forma muy peculiar: Soy una persona muy, muy tímida pero tengo que hacer mi trabajo, tengo cierta capacidad de vulnerabilidad pero tengo que mostrar fortaleza, por eso adopto una forma diferente de pensar cuando estoy componiendo: no se trata de mí, se trata del trabajo. Es algo más poderoso que yo y simplemente surge, no me siento como yo misma haciéndolo”, confiesa. “Si todo funciona como debería, yo no siento nada en absoluto. Es mi trabajo no sentir nada ”.

En 1995 entraría Bernard Georges en lugar de Leslie Langston, y Throwing Muses editaban ‘University’, el disco más vendido de su carrera (fue top 10 en Reino Unido), gracias, fundamentalmente, a su hit Bright Yellow Gun’. Un año después lanzarían el también exitoso ‘Limbo’, pero el mayor interés de Kristin por sus discos paralelos amenazaba con devorar al grupo. Y lo consiguió.



1997-2011. Reapariciones con cuentagotas.

Lo que se presagiaba como un hiato temporal terminó prolongándose durante siete años. Kristin no paró de sacar discos sola y de hacer giras acústicas… pero llegó un momento en que volvió a sentir la necesidad de la electricidad. 2003 sería el año clave: activaba un nuevo proyecto junto a Bernard Georges y el batería Rob Ahlers, 50ft Wave y, al tiempo, reformaba Throwing Muses. No sólo eso, Tanya regresaba al grupo aunque solamente para hacer voces en algunos temas y colaborar en algún concierto ocasional en EE UU. Pese a todo, la recepción del álbum (de título homónimo al igual que su disco del 86, como si se tratase inconscientemente de un segundo debut) fue más bien tibia. Desde entonces, Kristin alterna sus discos en solitario con giras de 50ft Wave y Throwing Muses, o incluso –como pudimos comprobar hace algunos años aquí en la sala Moby Dick- anuncia conciertos en solitario cuya banda de acompañamiento es 50ft Wave o incluso curiosos dobles carteles en los que 50ft Wave telonea a Throwing Muses. Ahora la bostoniana es prácticamente una mujer tripolar que, atención, dice que son sus guitarras las que deciden a qué proyecto va a destinar sus canciones. Si la composición le sale con una Collins, va para su disco en solitario; si le sale con una Fender, para Throwing Muses; y si es con una Gibson, para 50ft Wave. Tras la edición de ‘Anthology’, los Muses ya han finalizado la grabación de un nuevo álbum, que ha sido financiada por crowfunding dentro del sello cashmusic.org. Dice Hersh que tiene cuarenta canciones, que será muy variado en cuanto a estilo y duración de los temas y espera sacarlo el año que viene    

Otros tags:
Pixies, Kristin Hersh, Tanya Donelly, 4AD, The Breeders, Gil Norton, Boston

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Comentarios
01
Fernando Soyuz
Enviado el 26/10/11 a las 08:57:52
Throwing Muses
Un artículo fantástico
 
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