2012 en cómics  (1)

2012 en cómics (1)

De hombres cerdos, héroes y anacoretas

Publicado el 19.12.12

Un hombre cerdo se arrastra dolorosamente a través de estrechas oquedades oníricas, entre parásitos inesperados y extraños personajes emblemáticos que parecen salidos de una baraja de naipes, de viejos dibujos animados, de una ilustración de John Tenniel o, vamos a decirlo de una vez, de un trip psicodélico. El calvario de este hombre cerdo, escatológico en lo literal y de una gran densidad en lo simbólico inspirada en la filosofía hindú, tiene lugar en las viñetas del estadounidense Jim Woodring, concretamente en Frank. Filigranas del clima (Editorial Fulgencio Pimentel), uno de los grandes cómics que se han publicado en España a lo largo de 2012. Si dejamos aparte el refinado simbolismo, ausente en otro título tan estupendo como ‘Pudridero 1’, de Johnny Ryan (Entrecomics Comics/Fulgencio Pimentel), ambos cómics sí comparten un discurso físico contundente donde el mundo es siempre cambiante y aparece configurado bajo la lógica extravagante del dibujo, muy por encima del texto: si ‘Pudridero’ es una obra de pocas palabras, como lo es su protagonista, el carismático y brutal Carantigua, ‘Frank’ es un cómic completamente mudo. Mucho más cafre en intención y resultados que este último, ‘Pudridero’ es el cómic que a muchos lectores les gustaría dibujar, sobre todo después de haberlo leído.

La misma Fulgencio Pimentel ha publicado otros dos títulos que están entre lo más destacable del año: ‘El hombre que se dejó crecer la barba’, del belga Olivier Schrauwen, es una inmersión en lo irracional y a la vez una precisa reflexión sobre las formas de la representación que incluye citas tanto al Congo colonial de Conrad y de Hergé como al arte marginal del suizo Adolf Wölfli, un pintor psicótico que desde el hospital psiquiátrico llegó a ocupar un lugar destacado en la colección de Art brut de Jean Dubuffet. Hermética, irónica y fascinante, ‘El hombre que se dejó crecer la barba’ incita a sucesivas relecturas, un indicador de excelencia que en este caso no falla. Por su lado, ‘Ojalá te vaya bonito’ es un deslumbrante muestrario de la obra en cómic del ilustrador noruego Bendik Kaltenborn: sus sorprendentes historietas, de formas cambiantes y depuradas, protagonizadas a menudo por bárbaros hombres de negocio, tienen algo que recuerda al dadaísmo satírico de Grosz y sus colegas de entreguerras, pero también a algunos de los grandes nombres del cómic de vanguardia europeo. El neerlandés Joost Swarte bien puede ser uno de ellos, de quien por cierto se ha editado este mismo año ‘Casi completo’ (La Cúpula), una recopilación de sus historietas que desde los setenta adelantaron la estética de línea clara que dominaría buena parte del cómic europeo en la década siguiente. El ‘Casi completo’ de Swarte cuenta con prólogo escrito por un admirador de postín, el barcelonés Max, que también ha publicado este año nueva novela gráfica: ‘Vapor’ (La Cúpula) es su trabajo largo más reciente desde que ganara el Premio Nacional de Cómic de 2007 con ‘Bardín el superrealista’, y también su penúltimo esfuerzo por depurar al máximo el trazo y el discurso. En la tradición derivada de las tentaciones de San Antonio que inspiró a pintores flamencos, a Flaubert y al Buñuel de ‘Simón del desierto’ –ya homenajeado por el propio Max en alguna historieta anterior–, un joven anacoreta asqueado de la banalidad contemporánea que responde al nombre de Nicodemo se retira a un desierto, físico y metafísico, en el que por supuesto se verá enfrentado a múltiples tentaciones, pero sobre todo a su propia sombra. Max, que combate aquí sus propias tentaciones como dibujante con humor y ascetismo gráfico, ha abierto un blog donde explica el proceso creativo y las influencias de ‘Vapor’, entre ellas visionarios del cómic como Herbert E. Crowley, Herriman, Otto Soglow o Moebius, tristemente fallecido el pasado marzo. A nuestro juicio también existe un hilo secreto que emparenta a ‘Vapor’, aunque no sea buscado, con el citado ‘Frank’ de Jim Woodring.



Otras dos antologías de 2012 dignas de mención, junto a la de Joost Swarte, son ‘Mensajes en una botella’ (Diábolo), una amplia selección de historietas dibujadas por el estadounidense Bernard Krigstein en los años cuarenta y cincuenta (entre ellas la mítica ‘Master Race’), y  ‘Ojos que ven’ (De Ponent), que recoge un buen número de historietas dispersas del madrileño Keko, publicadas desde los ochenta hasta hoy. Desde ellas podemos asistir a través de los años a la creación progresiva de un discurso enigmático y “abisal”, como escribe Micharmut en el prólogo, construido mediante la yuxtaposición de diversas texturas gráficas e imágenes de la cultura popular, tergiversadas previamente por su cambio de contexto. Como sucede en Charles Burns, las historietas de Keko no remiten al mundo real sino a las imágenes producidas por los medios, un mundo iconográfico bajo cuya superficie de negro profundo se agazapa un horror innombrable.

2012 ha sido también año de consagraciones y retornos en el cómic español. El zaragozano Álvaro Ortiz ha publicado su trabajo más ambicioso hasta la fecha, ‘Cenizas’ (Astiberri), una extensa historia de carretera con evidentes referencias al cine indie norteamericano, mientras que el coruñense Miguelanxo Prado ha regresado al cómic –su último álbum de historieta se publicó hace ocho años– con ‘Ardalén’ (Norma), una novela gráfica de 256 páginas. Por su lado, el orensano David Rubín ha culminado el segundo y último volumen de ‘El héroe’ (Astiberri), la gran obra de acción heroica que siempre había querido dibujar desde sus lecturas infantiles de los superhéroes de Jack Kirby, al menos a juzgar por lo que el propio autor confiesa en alguna de sus viñetas. ‘El héroe’ es un odisea posmoderna donde los códigos del tebeo de superhéroes se confunden con una relectura contemporánea de la mitología griega –el protagonista es un Heracles anacrónicamente moderno–, pero también una contundente demostración del poder de la voluntad artística en plena era de la novela gráfica, donde los géneros tradicionales del cómic pueden ser reinterpretados al gusto del autor con total libertad hasta convertirse en algo único e inimitable. ‘El héroe’ también es una exhibición categórica de cómo construir un discurso fuerte desde una gráfica apabullante en lugar de hacerlo desde el texto, una estrategia creativa que cuestiona la condición literaria que muchos otorgan al cómic. Algo parecido a lo que hizo el año pasado, a su manera, el zaragozano José Domingo con la soberbia ‘Aventuras de un oficinista japonés’ (Bang Ediciones).



Lo inefable y lo absurdo en apariencia gobiernan el mundo de ‘No cambies nunca’ (Astiberri), la novela gráfica con la que se ha consagrado David Sánchez, madrileño premiado el año pasado como Autor Revelación en el Salón del Cómic de Barcelona. Aunque Sánchez se gana la vida como ilustrador –suyas son las conocidas portadas para la editorial Errata Naturae–, eso no le impide dedicar una parte importante de su tiempo a su vocación como historietista. ‘No cambies nunca’ se aleja de las obvias influencias de Lynch y Tarantino que había en su debut, ‘Tú me has matado’ (2010), para revelar un personal universo de horror y ciencia ficción donde el argumento convencional es solo una trampa a evitar, y lo que importa es ante todo la perversa sensualidad de las escenas, unidas en una estructura circular que invita a releer el libro nada más terminarlo. Sánchez ha hecho doblete este año con la estupenda ‘La muerte en los ojos’, uno de los tebeos breves, grapados, que en plena era del lomo de la novela gráfica ha publicado la editorial ¡Caramba!, especializada en cómics y otros artefactos (véase ‘El hematocrítico de arte’) de humor. Junto a ‘La muerte en los ojos’, otros tres títulos estrenaban este otoño la colección Jaimito de ¡Caramba!: ‘Ser un hombre. Cómo y por qué’, de Albert Monteys, una parodia de género (en todos los sentidos posibles) para hombres muy hombres, ‘Infame’, de Néstor F., una farsa protagonizada por el implacable crítico de cómics Bruno Kolin, y ‘Cosmic Dragon’, donde un Carlos Vermut en estado de gracia –como director de cine firmó en 2011 una de las mejores películas españolas de los últimos años, la insondable ‘Diamond Flash’– nos ofrece una tronchante versión apócrifa de ‘Dragon Ball’ en la que explora los “huecos” de lo no contado en la narración canónica hasta llegar a lugares verdaderamente insospechados. Fuera de colección, Humor cristiano (¡Caramba!), del guionista de televisión y director de cortometrajes Alberto González Vázquez, es otro trabajo destacable que desafía las formas y fronteras convencionales del cómic mezclando chistes breves, texto tipográfico, historietas y fotonovela. Alberto González, que calca sus imágenes porque “no sabe dibujar”, como ha confesado, aborda su trabajo con una aproximación refrescante muy alejada de los hábitos creativos del mundillo comiquero.

El modelo editorial de ¡Caramba!, que debutó el año pasado sustituyendo la distribución tradicional por la autogestión e impulsando internet como canal de venta, es el que ha inspirado a una nueva editorial nacida en 2012, Entrecomics Comics, fundada por los responsables de una de las webs españolas de información sobre cómic más conocidas. El primer título de su catálogo ha sido ‘Moowiloo Woomiloo’, firmado por el madrileño Molg H. junto al mencionado Néstor F., un joven dibujante de Barcelona. Juntos se dieron a conocer seriando esta obra en internet antes de dar el salto al formato impreso. Es un cómic experimental con momentos muy logrados, donde uno de los dos autores da la réplica a la historieta que ha dibujado el otro en la página anterior. El reto es mostrar, haciendo gala de un humor cruel cercano a Paco Alcázar –quien no por casualidad firma el prólogo del tomo–, el reverso de la realidad solo entrevista en la página previa. En ‘Moowiloo Woomiloo’ la sátira se ceba con diferentes sujetos y temas, con especial predilección por los autores y críticos de cómics, pero nunca toma derroteros previsibles.


(Continuará en la segunda parte)

Otros tags:
David Sánchez, Alberto González Vázquez, ¡Caramba!, José Domingo, Álvaro Ortiz, Johnny Ryan, John Tenniel, Jim Woodring, Olivier Schrauwen, Bendik Kaltenborn, Joost Swarte, Max, Bernard Krigstein, Keko, David Rubín, Néstor F., Albert Monteys, Entrecomics, Fulgencio Pimentel

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